Los recientes incidentes acaecidos en la localidad murciana de Torre Pacheco, nos muestran un panorama cada vez más claro de la profunda crisis que enfrenta Europa occidental, atrapada entre la inseguridad rampante, el fracaso del multiculturalismo y el lento pero inevitable despertar político de quienes ya no quieren tolerar la hipocresía de una recepción unilateral.
Cientos de jóvenes españoles de varias provincias acudieron en ayuda de sus compatriotas en un alarde de patriotismo y solidaridad, jugándose su integridad y su libertad en la defensa de lo que puede ser el brote de una causa común que vuelva a unir a la Nación en contra de la falsedad y la mentira en la que una clase política compuesta por trepas y vividores ha sumido a España.
Lo más sangrante es que han resultado detenidos más españoles que magrebíes, siendo estos últimos los que provocaron los incidentes más violentos, quema de barricadas incluido.
Llama poderosamente la atención ver como en las televisiones y medios del sistema culpaban de lo ocurrido a los supuestos grupos de extrema derecha, y al nombrarles podía vislumbrarse claramente que en las imágenes que retransmitían los que estaban ocasionando los disturbios eran los propios magrebíes. Por no mencionar que todos los heridos han sido españoles. La manipulación de estos medios no conoce límites.
Idénticos hechos están ocurriendo en todo Europa, lo que demuestra la inviabilidad de la convivencia tan cacareada por la inútil clase política. En Francia, sin ir más lejos, la Fiesta de la Música, que se celebra cada 21 de junio, se ha convertido una vez más en un infierno de violencia y agresión.
En Nantes, la noche del festival se produjeron una violación, un intento de agresión sexual y decenas de personas fueron apuñaladas misteriosamente con jeringuillas, en un ambiente de total anarquía. Un evento que pretendía ser un símbolo de cohesión y cultura se ha convertido en un reflejo del declive social de las ciudades francesas, donde la degradación, la delincuencia y la pérdida de control parecen ahora ser la norma.
Las ONGs que cobran millones en forma de subvenciones a cambio de ayudar a los inmigrantes han visto un nicho de negocio que les está haciendo millonarios, y por tanto están facilitando la inmigración de forma exponencial, llegando incluso a colaborar directamente con las mafias, a más migrantes más ingresos, peligrosa ecuación.
Europa vive un momento crucial. La retórica de la integración forzada y el multiculturalismo feliz está mostrando todas sus grietas. El tiempo se agota. Los ciudadanos exigen respuestas, seguridad e identidad.
Y cuanto más tiempo pasa, más evidente se hace que solo el retorno a políticas soberanas arraigadas en la realidad puede evitar el colapso definitivo de la civilización europea tal como la hemos conocido.


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