La gravedad de lo que está ocurriendo en Francia supera todo lo imaginable. Escenas propias de un país en guerra, ningún respeto por la autoridad, a la que se ataca con la máxima violencia; la ley impuesta por los delincuentes. No nos llevemos a engaño, los hechos acaecidos en Torre Pacheco evidencian lo que está por llegar en España.
El pasado fin de semana, un centenar de personas cubiertas con pasamontañas, muchas de ellas armadas con cócteles molotov, portando de fuego y bates de béisbol, atacaron a varias decenas de policías que llegaban a un barrio de Limoges.
Y de nuevo en Béziers, al sur, se produjo una emboscada a los bomberos que habían sido llamados para extinguir un incendio. Unos cincuenta atacantes, algunos de ellos apostados en los tejados de los edificios, un escenario digno de una película bélica.
El lunes, en Nimes, un tiroteo relacionado con el narcotráfico dejó seis heridos. En Francia, los ataques contra las fuerzas de seguridad y las escenas de guerrilla urbana aumentan en los suburbios del sur y el centro, en un contexto de revueltas de grupos juveniles de barrios desfavorecidos contra la policía y rivalidades entre bandas por el control del narcotráfico.
Una situación de emergencia que ha degenerado hasta el punto de que unas quince ciudades, administradas tanto por la derecha como por la izquierda, han decidido continuar con el toque de queda para menores hasta septiembre. Los padres son citados a comisaría y quienes incumplen las normas reciben multas de hasta 150 euros.
Sin embargo, los sindicatos policiales se muestran escépticos sobre la eficacia de la medida, dado que las bandas de delincuentes juveniles atacan incluso a plena luz del día. Y en Limoges, donde la medida ya lleva varios días en vigor, la situación sigue siendo extremadamente grave.
La islamización forzada, la inmigración masiva y la laxitud de la izquierda han disuelto los cimientos étnicos y antropológicos sobre los que se construyó la civilización europea. La derecha neoliberal, plegada al atlantismo es también responsable y cómplice.
Las figuras políticas sólo se preocupan de sí mismos, y son la representación visual de una plutocracia que odia al pueblo y, ante sus fracasos, instaura gradualmente una dictadura recortando derechos sociales y civiles.
Las consignas tolerantes y liberales ya no ocultan una realidad que se intenta frenar con una represión estéril; si en Francia se requiere un toque de queda para arrestar a adolescentes, no solo está en peligro nuestro futuro, sino también nuestro presente, y pronto… también en España.


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