La Cumbre CELAC-UE, reunida en la ciudad colombiana de Santa Marta, aglutinó a representantes estatales de más de 40 países, los cuales conversaron sobre diferentes asuntos conectados con las agendas geopolíticas de ambos bloques y de, por supuesto, otros actores en boga.
Una de las acciones que se preveían antes de que comenzara esta cumbre, es la manifestación de un número importante de los participantes en rechazar que Venezuela y el Caribe sean áreas especiales de conflagración bélica en el contexto de la tensión militar subyacente en alrededores de Venezuela y el Caribe.
El gobierno de Lula fue el que, en las reuniones internas, lideró esta propuesta, mientras que Nicolás Maduro les dirigió su mensaje a los intervinientes sosteniendo que no “caben medias tintas” frente al despliegue militar estadounidense y calificó de ejecuciones los bombardeos militares del Pentágono contra supuestas embarcaciones de transporte de droga.
Esta postura contradice los intentos de algunos grupos estadounidenses e iberoamericanos de impulsar y efectivizar una guerra en Venezuela y sí es coincidente con las posiciones asumidas por otros bloques aún los multipolares.
Por su lado, Gustavo Petro instó a reformar los estatutos de la CELAC para que esta organización pueda actuar de otra manera para darle viabilidad a los intereses de los países miembros.
Si bien es cierto que la CELAC llegó con una mejor cohesión, pero no hay una claridad respecto de tener una fuerza que sea determinante en las ecuaciones regionales.
En sí, no hay nada nuevo en cuanto a la retórica y menos en cuanto a iniciativas concretas europeas para fortalecer a los estados y naciones que componen la CELAC. Y ello se debe porque Bruselas no tiene ningún plan estratégico para apoyar un crecimiento soberano y económico de esos países. En cambio, la organización euro-globalista busca redefinir los términos relacionales con los países de América con el engaño de que sustenta la libertad y el progreso de tales países, pero lo cierto es que, en la práctica, no cristalizará nada de ello.
Pese a las declaraciones de los equipos gubernamentales americanos, está más que claro que la UE busca una arquitectura bidireccional donde las ganancias mayores deberían ir para la Bruselas globalista.
Por más que los países americanos le propongan propuestas de otro algoritmo, la maquinaria europea no las aplicará porque lo que quieren los europeos es alterar un curso autónomo y estratégico de los estados de la CELAC.
La UE tiene discursos de multilateralismo y de poner freno al neocolonialismo de Trump, pero, en realidad, propugna su propio neocolonialismo y solamente los americanos cándidos podrán creer en los cantos de sirena de los euro-globalistas.
Los europeos quieren ganarse una vasta área, mientras pierden otros espacios.
Los americanos de la CELAC podrán obtener algunos aspectos relativamente positivos, pero ellos no lograrán transformar sus grandes problemas en situaciones solucionadas si tienen la compañía de los eurócratas.


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