Empezamos una nueva semana de actualizaciones y hoy volvemos al triplete total, es decir, tres artículos de tres autores desde tres fuentes y sobre tres temas de la más viva actualidad; como siempre en traducción al español donde resaltamos los asuntos clave. Así que, vamos con todo ello:
1) Golpe en el Caribe y presión sobre Venezuela.
Empezamos con un artículo de Leonid Savin en Fondsk, sobre las amenazas y acciones de EE. UU. contra Venezuela. Principia por recordar el ataque militar de EE. UU. contra un barco en el Caribe. Bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, EE. UU., por orden de Donald Trump, lanzó un ataque cinético el 2 de septiembre en aguas internacionales contra un barco supuestamente vinculado al cártel Tren de Aragua, resultando en la muerte de 11 personas [aunque también hay quienes dudan de que sea un video real y en verdad haya sido hecho con IA]
¿Qué acusaciones existen por EE. UU. contra Venezuela? Trump afirmó que el cártel Tren de Aragua opera bajo el control de Nicolás Maduro y es responsable de asesinatos, narcotráfico, trata de personas, violencia y terrorismo en EE. UU. y el hemisferio occidental. Marco Rubio, secretario de Estado, señaló que el barco zarpó desde Venezuela y pertenecía a una organización narcoterrorista.
Desde Venezuela y Colombia hubo reacciones, nos dice Savin. Por un lado, Ernesto Villegas, ministro venezolano, afirmó que el vídeo del ataque fue generado por inteligencia artificial. Por otro lado, Gustavo Petro, presidente de Colombia, condenó el ataque, calificándolo de asesinato y destacando que los transportistas de drogas suelen ser jóvenes pobres, no grandes narcotraficantes.
Así pues, no se presentaron pruebas concretas de que el barco perteneciera a una banda criminal, ni fragmentos de la lancha ni cuerpos de los fallecidos, lo que genera dudas sobre la veracidad del incidente.
El incidente reflejó un nuevo nivel de tensión entre ambos países, con el uso de fuerza militar contra un objetivo específico calificado como amenaza por EE. UU. Savin sugiere que por ahora, EE. UU. evita violar la soberanía territorial de Venezuela, y opta por acciones en aguas internacionales.
El ataque se enmarca cual medida superficial para mostrar poderío militar, similar a acciones previas de EE. UU. (como el ataque en Siria durante el primer mandato de Trump). Podría ser así una forma de aliviar la presión sin escalar a un conflicto mayor.
Desde el interior de la defensa venezolana se informa de que incluso según los datos de inteligencia recopilados por EE. UU. en el Caribe, junto con la movilización de las fuerzas armadas y la milicia venezolana, se indica claramente que Venezuela está preparada para defenderse. Savin remarca que está bajo cuestionamiento la misma existencia de cárteles como el Tren de Aragua o Los Soles, vinculados a Maduro, lo cual nos sugiere que tales acusaciones serían infundadas (como una excusa perfecta para una intervención externa ansiada).
Por su parte, EE. UU. inició ejercicios militares el pasado 4 de septiembre en Puerto Rico, con buques de guerra y un buque de desembarco, oficialmente para combatir el narcotráfico, lo que podría estar vinculado al incidente como una acción de amenaza subsecuente.
El autor también nos recuerda que el mencionado ataque a la lancha ocurrió justo antes de la cumbre de la OCS y de un desfile militar en Pekín, donde muchos líderes del Sur Global discutieron nuevos principios de gobernanza, generando nerviosismo en EE. UU. Por cierto, Rusia, China, Cuba y Nicaragua han expresado apoyo a la soberanía de Venezuela.
¿Doctrina Monroe 2.0? El autor intepreta el ataque como una señal de EE. UU. para someter a países de la región, especialmente México, quien rechazó el control militar externo, y Ecuador, donde EE. UU. busca avanzar en cooperación militar. Tales acciones de EE. UU. tienen un precedente histórico en las prácticas de corsarios y filibusteros británicos y franceses (siglo XIX, especialmente).
Mientras tanto según los datos de la ONU, el 80% del narcotráfico de países andinos (Colombia, Ecuador, Perú) se dirige a EE. UU. por el Océano Pacífico, un 8% por el Caribe desde Colombia, y solo el 5% está relacionado con Venezuela.
Así pues estas acciones de EE. UU. sirven como intentos de demonizar políticamente a Venezuela, similar a la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Por supuesto, de fondo está el interés de EE. UU. en los recursos venezolanos, como petróleo, oro y coltán.

2) Tres conclusiones clave del último desfile militar de China
En segundo lugar tenemos un artículo editorial de The China Academy. El centro de su publicación está en la conmemoración del 80.º aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Nos recuerdan que el desfile militar en la plaza de Tiananmen, Pekín, conmemoró el 80.º aniversario de la victoria en la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra Japón y la lucha mundial contra el fascismo.
Sin embargo, ahora lo califican como demostración de la búsqueda de paz y desarrollo militar. Pues en el evento se destacó la búsqueda constante de paz por parte de China, junto con el desarrollo del Ejército Popular de Liberación y su armamento avanzado de clase mundial.
Aprovecharon para presentar presentar novedades en la Fuerza Espacial, la Fuerza Cibernética y la Fuerza de Apoyo a la Información como nuevas incorporaciones al ejército chino. Las formaciones de armas, divididas en ocho secciones, mostraron el principal equipamiento activo, adaptado para cumplir con las exigencias de la guerra moderna.
De tales formaciones destacan tres aspectos: 1) Un grupo de combate contra drones en las tropas de defensa aérea y antimisiles, capaz de neutralizar y destruir drones. 2) Una exhibición sistematizada de grupos de combate no tripulados por tierra, mar y aire, incluyendo vehículos de desminado, submarinos no tripulados y drones aéreos de reconocimiento y ataque. 3) La primera exhibición de la tríada de fuerzas nucleares estratégicas terrestres, marítimas y aéreas, con énfasis en el misil nuclear intercontinental DF-5C de combustible líquido, con alcance global.
Entre las innovaciones logísticas también se mostró un vehículo de apoyo con comida caliente y hornillos, destacando así el esfuerzo del ejército chino por garantizar cocina fresca para los soldados en el campo de batalla.
Hubo presentes numerosos líderes de talla mundial. Lo cual se pudo ver en la retransmisión de CCTV. Allí se mostró a líderes como Vladimir Putin, Kim Jong-un, Hung Hsiu-chu (expresidenta del Kuomintang) y Zhong Nanshan. Además, la visita de Putin, que incluyó la cumbre de la OCS en Tianjin, atrajo una atención especial.
La presencia de Yukio Hatoyama, expresidente japonés, generó controversia en Japón por su historial de gestos hacia víctimas de la masacre de Nanjing.
El respeto a la historia es la clave de este 80º Aniversario en la perspectiva china. Por ejemplo dicen en el artículo: Shen Yi, un conocido profesor chino de relaciones internacionales, comentó: ¿Quién respeta la historia y quién la traiciona? La lista de invitados lo deja muy claro. Por otro lado, Hu Xijin destacó la necesidad de que líderes japoneses reflexionen sobre los crímenes del militarismo en Tiananmen para avanzar.
En último lugar, cabe mencionar la participación limitada del mandatario indio. Nos dicen que el primer ministro indio Narendra Modi solo participó en la cumbre de la OCS. Los analistas sugirieron que Nueva Delhi buscaba enfriar su compromiso con Pekín tras el reciente deshielo en las relaciones.

3) El Golfo Pérsico se lanza a la conquista de los minerales estratégicos: un plan para dominar la era postpetrolera.
En último lugar tenemos un artículo de Mawadda Iskandar en The Cradle. Nos hablará de un cambio estratégico hacia la minería. Los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), especialmente Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, están diversificando sus economías del petróleo hacia la minería estratégica debido a la volatilidad de los precios y el auge de las energías renovables.
Sobre la importancia de los minerales estratégicos, nos dice que la demanda de litio, cobre y tierras raras ha aumentado por su uso en energía limpia, electrónica y sistemas de defensa, siendo fundamentales para las industrias de baterías y vehículos eléctricos. De hecho, el litio, considerado “el oro blanco”, se proyecta con un mercado de vehículos eléctricos que crecerá de 3.500 millones de dólares en 2023 a 9.000 millones en 2028, y una demanda de litio multiplicada por 40 para 2040.
La estrategia saudí es la siguiente, según nos dice la autora: Riad utiliza fondos soberanos (Fondo de Inversión Pública, Ma’aden, Manara Minerals) para adquirir participaciones minoritarias en empresas mineras y establecer proyectos conjuntos en África e Iberoamérica. La Saudi Gold Refinery Company gestiona más de 150 yacimientos y 25 licencias de exploración de oro y plata, con minas internacionales en Marruecos, Uzbekistán y “Kurdistán”.
Además tiene planes de expansión hacia Egipto, Sudán, Etiopía, Mauritania, Eritrea, Pakistán y Kazajistán para finales de 2025. Menciona proyectos específicos que incluyen litio y níquel en Nigeria, cobalto y litio en el Congo, y litio, manganeso, cobalto y bauxita en Ghana. En cuanto a Iberoamérica habla de las siguientes inversiones: 10% en Vale (Brasil) y proyecto de litio Maricunga (Chile) con Codelco.
Además, cumbres como la Conferencia Económica Arabia Saudí-África (2023) y el Foro sobre Minerales del Futuro (2024) refuerzan la influencia de este país.
Por otro lado, describe la estrategia de los Emiratos Árabes Unidos: Los EAU buscan control mayoritario mediante adquisiciones rápidas, evitando asociaciones lentas, para ejercer influencia operativa directa. En Madagascar, un acuerdo con Global South Utilities para una planta solar de 50 MW y proyectos de refinación de oro, acompañado de un foro empresarial en Dubái (2025).
En Zambia, International Resources Holding (IRH) adquirió el 51% de la mina Mopani por 1100 millones de dólares y busca una participación mayoritaria en la mina Lubambe. En el Congo, IRH negocia con Dinam Capital para expandir su presencia en el estaño (complejo Bisie).
Y en Iberoamérica, estableció un memorando con Argentina (2025) para proyectos mineros conjuntos.
Sin embargo, existe una rivalidad entre Arabia Saudí y los EAU, pues ambos países compiten por el control de minerales estratégicos, especialmente en el Congo (Alphamin), con Arabia Saudí (Manara Minerals) buscando participaciones minoritarias y los EAU (IRH) persiguiendo control mayoritario.
Arabia Saudí planea invertir 15.000 millones de dólares en minerales críticos, mientras los EAU han invertido en Mopani (Zambia) y un proyecto de litio de 1.400 millones de dólares en Abu Dabi. En el Cuerno de África, Riad busca el puerto de Assab (Eritrea), mientras Abu Dabi apoya el acceso de Etiopía al puerto.
¿Y cuáles son las implicaciones geopolíticas de todo esto? Nos dice Iskandar que la competencia por los minerales estratégicos refleja una lucha por la hegemonía económica en la era post-petrolera, con el Golfo Pérsico buscando influencia industrial y política. El mar Rojo se convierte también en un escenario de confrontación por recursos, influenciado por las operaciones navales de Yemen. Además, Pekín y Washington se posicionan en torno a esta rivalidad, configurando en consecuencia un nuevo conflicto por los recursos.



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