La disputa en los interiores de Make America Great Again (MAGA) por el símbolo-legado del asesinado Charlie Kirk crece a pasos veloces alrededor de un Trump que ve un poco más complicado su normal desempeño gubernamental.
En efecto, por un lado, se posicionan los que sostienen que Charlie Kirk era America First por encima de los intereses geopolíticos del sionismo, mientras que, por el otro lado, se ubican quienes dicen que Charlie Kirk unía Estados Unidos con Israel en una sola unidad.
La primera facción fichó al comunicador político más influyente entre los jóvenes estadounidenses, el católico antisistema Nick Fuentes, y lidera, en la percepción de los activistas y partidarios de MAGA, como la heredera natural e ideológica de la bandera de Kirk.
Para ellos, Israel fue el que mató a Charlie Kirk y propicia a Tucker Carlson como el reemplazante de Kirk en el trabajo de formatear y propagar las ideas en ámbitos universitarios y juveniles.
Para contrarrestar dicha sinergia y expansión, Donald Trump a menudo la coloca a su lado a la viuda de Charlie Kirk para enviar las señales de que él preserva la línea fundacional por la que habría muerto el joven dirigente que era preparado para ser, primero, el vicepresidente de los EE.UU. luego, el presidente de dicho estado. Los adherentes de este grupo, propician la idea de que el odio transgénero demócrata fue el que incitó y cometió el homicidio.
Sobre la investigación en torno al crimen, se comunicaron pocas novedades y hasta se denunció que el FBI de Kash Patel estaría encubriendo el asesinato para garantizar la impunidad del autor intelectual. Este, innegablemente, participa vívidamente del sistema de poder mundial y no fue expuesto por los organismos de seguridad de los EE.UU.
En conclusión, el crimen de Charlie Kirk fue operado frente a todo el mundo y Trump no expuso al culpable verdadero. Y este aspecto es el que comentan, en sus conversaciones privadas, los integrantes de la facción America First sin prevalencia sionista y sus opuestos, los ANTIFA.
Lo recalcaremos otra vez: Charlie Kirk no fue asesinado por el programa anti- LGBT, ni por el ritualismo ocultista. Murió por la crudeza del poder, por la lógica de un actor que desciende del centro de mando y control del mundo y que no puede soportar que Estados Unidos, su criatura herramienta, se le vuelva en contra.


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