Llegó el último día de este 2025, gracias a todos los lectores por acompañarnos. Y no les dejamos ni un día sin la necesaria actualización geopolítica. Hoy les traemos un artículo de Think BRICS que nos habla de la perspectiva rusa en tan importante club mundial.
Dentro del BRICS: el principal diplomático ruso revela la estrategia detrás del proyecto geopolítico más ambicioso del mundo
Cuando Sergey Ryabkov se sienta a debatir, surgen ideas que trascienden las fronteras rusas. Como persona de referencia del país en el BRICS y planificador clave de su crecimiento para 2024, sus palabras tienen peso en toda la alianza. Ahora, como parte de un grupo que abarca casi el 50 % de la población mundial, su papel está vinculado a economías que están a la altura de las del G7. Durante el diálogo con analistas del PIR Center, salieron a la luz detalles sobre los mecanismos internos que pocos habían visto con claridad antes. El intercambio puso al descubierto objetivos, métodos y tensiones, elementos que configuran la inquietud mundial. Según él, lo que impulsa al BRICS no es un impulso repentino ni una reacción aislada. En cambio, un reajuste a largo plazo sustenta los movimientos observados desde lejos por las capitales occidentales que ven cómo se desarrollan los cambios.
Publicada en el Security Index Yearbook (Vol. 2), la entrevista llega en un momento de cambio de rumbo. La membresía del BRICS ha crecido considerablemente, incorporando a Egipto, Etiopía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos durante 2024, seguidos de Indonesia un año después. Junto a ellos, otras diez naciones han asumido el papel de «socios». Un crecimiento como este suscita escrutinio: algunos se preguntan si el BRICS funciona como un actor unificado en la escena mundial o si simplemente agrupa a Estados inquietos por la influencia occidental. La claridad surge a través de las declaraciones de Ryabkov, que revelan cómo interpretan los miembros centrales el papel cambiante del grupo.
La estrategia de expansión: el BRICS crece y se mantiene fuerte
Lo que destaca en las declaraciones de Ryabkov es su firme convicción de que el crecimiento del BRICS ha ido más allá de lo previsto. Según él, el éxito en la incorporación de nuevos miembros ya es evidente. Señaló los resultados visibles en las declaraciones conjuntas emitidas en la reunión de 2024 en Kazán y la reunión de seguimiento en Río un año después.
Lo que vemos aquí va más allá de la charla diplomática habitual. De la declaración de Ryabkov se desprende un punto clave: que un grupo iniciado por cinco países distintos ha acogido a nuevos participantes de todos los continentes, estilos de gobernanza y etapas de crecimiento económico, manteniendo intacto su enfoque basado en acuerdos. Si esto se mantiene, supondrá un notable progreso en la colaboración internacional, especialmente en comparación con las instituciones globales, donde la incorporación de un solo país más suele dar lugar a largas negociaciones.
Según Ryabkov, lo que mantiene unido al BRICS es su idea fundamental de igualdad real, transparencia y respeto mutuo entre los miembros. En lugar de seguir modelos jerárquicos en los que las naciones más fuertes lideran, las decisiones aquí requieren el acuerdo de todos. Insiste en que el grupo no podría sobrevivir sin esos valores. No se trata de ideales vacíos, sino de una base de trabajo que hace posible la cooperación incluso cuando los objetivos nacionales difieren.
Aun así, el sherpa ruso reconoce un punto que suelen plantear los escépticos: sí que surgen diferencias. Afirmó abiertamente: «Somos transparentes sobre cómo nuestras estrategias a veces divergen». Según él, lo que lo distingue es el resultado: cuando el BRICS llega a un acuerdo por consenso unánime, su postura tiene una mayor influencia en el resto del mundo, ya que refleja una intención compartida en lugar del dominio de un líder.
La estrategia del «máximo común denominador»
Lo que más destacó en la conversación fue su opinión sobre un enigma persistente: ¿qué mantiene unido al BRICS a pesar de las profundas diferencias entre sus miembros? Según Ryabkov, la respuesta va en contra del pensamiento diplomático habitual.
No todo el mundo está de acuerdo con los resultados del BRICS: algunos los califican de compromisos débiles moldeados por un mínimo solapamiento. Sin embargo, Ryabkov lo ve de otra manera: las posturas compartidas no surgen de la presión, sino de una convergencia real. Lo que importa es cómo se desarrolla esa unidad en el extranjero. Señala que las opiniones respaldadas por el grupo tienen más impacto cuando se expresan de forma conjunta. La fuerza crece cuando existe una verdadera alineación.
Esta idea tiene peso. Mientras que los menos ambiciosos pueden frenar los esfuerzos, el verdadero progreso suele surgir de las prioridades mutuas. Lo que destaca es cómo la colaboración encuentra su base cuando los intereses coinciden. Tomemos como ejemplo el comercio, las finanzas, la cultura o la seguridad: cada área muestra que el BRICS va más allá de las declaraciones y da pasos medibles. Según Ryabkov, estas actividades conjuntas reflejan la sustancia por encima del simbolismo.
El diplomático destacó las diferencias entre el BRICS y la OSCE, resaltando cómo uno fomenta la cooperación en política, economía y cultura. Al describir las tres áreas de compromiso de los BRICS, señaló que se diferencian de los mecanismos de los organismos liderados por Occidente. Según él, estos marcos sirven a agendas limitadas en lugar de al progreso compartido. Las instituciones moldeadas por Europa y Norteamérica ahora promueven estrategias destinadas a debilitar las voces independientes. Su opinión: estas plataformas dan prioridad al control sobre el diálogo cuando se trata con naciones que tienen visiones del mundo distintas.
Enmarcada de esta manera, la opinión de Ryabkov expone una autopercepción entre las naciones BRICS: ven su papel menos como una oposición a Occidente y más como una afirmación de la autonomía a través de la igualdad soberana, en lugar de alinearse con las potencias dominantes.
La cuestión del dólar: BRICS frente a la hegemonía financiera occidental
Una pregunta persiste en todas las conversaciones sobre el BRICS: ¿qué hay de alejarse del dólar? Muchos en Occidente ven al grupo como una amenaza directa al dominio de la moneda estadounidense, y enmarcan sus movimientos financieros como una forma de confrontación económica. Algunos van más allá e interpretan estas medidas como parte de un conflicto más amplio destinado a debilitar el poder monetario occidental.
La respuesta de Ryabkov es reveladora por su tono pragmático. Citó la declaración del presidente ruso Vladimir Putin en el Club de Debate Valdai:
«No estamos aplicando una política contra nadie. Toda la política del BRICS está dirigida a nosotros mismos, a los miembros de este grupo».
Sobre la cuestión específica de las alternativas al dólar, Ryabkov se hizo eco de la formulación de Putin:
«No estamos llevando a cabo ninguna campaña ni política contra el dólar, en absoluto. Simplemente, no se nos permite liquidar cuentas en dólares. Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer? Liquidamos las cuentas en monedas nacionales».
Este cambio, que pasa de enmarcarlo como ideología a considerarlo una respuesta pragmática, tiene un peso estratégico. En lugar de presentar los esfuerzos financieros del BRICS como medidas conflictivas destinadas a socavar el control monetario occidental, Ryabkov los enmarca como reacciones motivadas por las sanciones que limitan el acceso al dólar. Su argumento queda claro: cuando el dólar se convierte en una herramienta de coacción, las naciones aisladas responden buscando nuevos caminos.
A partir de 2020, China comenzó a probar su renminbi digital, lo que supuso un primer paso en los esfuerzos nacionales por crear una moneda digital entre los países del BRICS. Nigeria siguió sus pasos con la implantación del eNaira en todo el país en 2021. Más allá de estos casos, muchos miembros están estudiando o probando herramientas similares. Las pruebas recabadas a través de entrevistas muestran un trabajo generalizado en torno a las monedas digitales de los bancos centrales, tanto en los Estados centrales como en los aliados. Aunque todavía no existe un objetivo unificado para crear una moneda común del BRICS, los avances en este ámbito permiten crear sistemas capaces de eludir los canales financieros tradicionales basados en el dólar. Los discretos avances en la infraestructura tecnológica pueden cambiar el funcionamiento del intercambio monetario en estas economías.

La cooperación en materia de seguridad y sus oportunidades ocultas
Aunque las conversaciones suelen centrarse en cuestiones de seguridad, Ryabkov admitió algo que los expertos llevan tiempo señalando: las oportunidades siguen sin aprovecharse. Aun así, cuestionó la idea de que el BRICS aporta poco valor en este ámbito, destacando el trabajo conjunto en la lucha contra el terrorismo, como la estrategia establecida en 2020. La cooperación también se extiende al suministro estable de alimentos, el acceso fiable a la energía y los intentos de aliviar las tensiones en regiones conflictivas.
Un examen más detallado del apéndice revela la postura de cada país del BRICS en materia de no proliferación nuclear, supervisión de armas y pactos de seguridad, un panorama disperso marcado por prioridades divergentes. Aunque todos los países forman parte del OIEA, la participación en grupos como el Grupo de Suministradores Nucleares difiere considerablemente; China y algunas incorporaciones recientes permanecen al margen. A pesar de los objetivos comunes, la alineación se desvanece cuando se trata del control de las exportaciones.
Lo que hace que el BRICS funcione podría deberse, en realidad, a su diversidad. En lugar de insistir en la uniformidad en materia de defensa, abre la puerta a esfuerzos conjuntos en ámbitos específicos. Cada país mantiene el control sobre su propio rumbo. La flexibilidad en este aspecto favorece la colaboración en ese otro.
La cuestión de la evolución institucional
Lo que hay detrás del papel cambiante del BRICS quedó claro en una parte del debate. Sobre si debería convertirse en un organismo oficial con sistemas administrativos duraderos, Ryabkov dio una respuesta firme. En la actualidad, la creación de una institución de este tipo no figura en ningún plan activo. Su postura dejó poco margen para la interpretación:
«El objetivo de transformar el BRICS en una organización internacional en toda regla no figura actualmente en la agenda».
Su razonamiento invoca un principio que atribuye a sus colegas anglófonos: «No arregles lo que funciona». Según Ryabkov, el BRICS ha evitado deliberadamente la «burocracia excesiva» y el «apego rígido a una estructura organizativa» precisamente para mantener la flexibilidad y la igualdad entre sus miembros. El modelo actual —la cooperación a través de organismos y comunidades empresariales relevantes sin una superestructura pesada— «está demostrando su eficacia en esta etapa».
La resistencia a los sistemas formales puede decepcionar a quienes vinculan la estructura con la credibilidad. Sin embargo, esta postura es fruto de una reflexión deliberada: el BRICS genera confianza al evitar las estructuras jerárquicas habituales en los organismos occidentales. La lentitud en la toma de decisiones entra en escena cuando se da prioridad al equilibrio real entre las naciones.
Qué significa todo esto
Lo que destaca en las declaraciones de Ryabkov es un grupo que opera con mayor unidad y determinación de lo que muchos en Occidente suponen. En lugar de copiar los bloques occidentales establecidos, esta coalición actúa según sus propios términos. Las quejas sobre las políticas estadounidenses no definen su agenda. La cooperación surge a partir de fundamentos distintos: la autonomía nacional tiene prioridad sobre los sistemas compartidos, los acuerdos importan más que el rango, y los resultados tangibles pesan más que la coincidencia doctrinal.
El optimismo podría no durar: cuanto más grande se hace el BRICS, más difíciles podrían ser las decisiones en su sistema basado en acuerdos. Aun así, la forma en que lo describe sugiere que quienes dan forma al BRICS ven claramente los escollos y esperan que una estructura plana sin dominio se mantenga mejor con el tiempo en comparación con los marcos occidentales, que los escépticos suelen considerar herramientas de la agenda de una sola nación.
Si Occidente no se adapta, su control sobre los sistemas globales podría debilitarse aún más. Para quienes siguen los cambios en la diplomacia, la opinión de Ryabkov destaca: el BRICS pretende ser duradero, no efímero; una constante, no una reacción. Este grupo atrae ahora a naciones que miran más allá de los marcos liderados por Estados Unidos. Su futuro depende más de cómo respondan Washington y Bruselas que de la unidad dentro del propio bloque.
Ahora más rápido que antes, el crecimiento sigue adelante. Los líderes creen haber dado con un enfoque que da resultados.


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