Todos recordarán aquellas palabras de Pedro Sánchez en un programa de televisión, mientras cocinaba junto a la periodista Susana Griso, afirmando que, si llegaba al Gobierno, suprimiría el Ministerio de Defensa, algo metafísicamente imposible en cualquier país del mundo.
Ahora, instalado en el Palacio de la Moncloa, una vez más, donde dije digo digo Diego, palabras vacuas, sin valor ninguno, al igual que su promesa de traer a Puigdemont detenido y ponerlo ante la Justicia, papel mojado.
Atrás han quedado ya sus posiciones pacifistas, y lo que este giro copernicano pone de manifiesto no es más que una absoluta carestía de palabra y de valores en un partido que lleva mintiendo a los españoles desde el mismo día de su fundación.
Ya en 2003, el PSOE lideró una inaceptable, indecente y multitudinaria campaña denominada ¨No a la guerra¨, que se oponía a la participación española en la guerra de Irak que había iniciado George Bush.
A principios de los años 80, el PSOE también protagonizaba otra cínica campaña en contra de la entrada de nuestro país en la OTAN. En 1982, después de su desembarco en el poder tras la victoria en las elecciones, el famoso eslogan OTAN no bases fuera se transformó en el engañoso lema OTAN, de entrada, no, mutando rápidamente hacia la petición directa del Sí en el referéndum que se convocó a tal efecto; y al final no sólo España entró a formar parte de la Alianza Atlántica, sino que uno de sus miembros más furibundos pacifistas, Javier Solana, pasó a ser Secretario General de la Organización. Todo muy coherente.
En la actualidad, y bajo las imprecisas palabras de lo hacemos por la seguridad de España, el PSOE, liderado por uno de los personajes más hipócritas de nuestra Historia política, vuelve a engañar a los españoles.
Se da la paradoja de que los socios de gobierno se han mostrado en contundente oposición, lo que evidencia la debilidad de la coalición gubernamental, en otras palabras, la Vicepresidenta ha manifestado su disconformidad con el plan de Sánchez.
Pero verán ustedes que esto se convertirá una vez más en actuación y papel mojado. Los mediocres no gobiernan para el bienestar de los españoles, sino para asegurar su puesto y su futuro.


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