La guerra en Yemen ha intensificado la lucha por el control de su región oriental, convirtiéndola en un escenario clave para la competencia entre potencias regionales y globales.
Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) compiten por el dominio estratégico, mientras Israel expande su presencia militar encubierta y Estados Unidos interviene directamente en apoyo de sus aliados.
Esta dinámica está redefiniendo el equilibrio de poder en la región, con Yemen como actor central.
El conflicto se ha extendido más allá de las fronteras terrestres. Tras el bloqueo naval yemení a barcos con destino a Israel, Estados Unidos lanzó ataques aéreos en varias gobernaciones yemeníes, causando cientos de víctimas.
Yemen respondió con una operación militar contra el portaaviones USS Harry S. Truman en el Mar Rojo, marcando una nueva fase de confrontación.
Sin embargo, la batalla por la influencia también se libra dentro de Yemen, donde Arabia Saudí y los EAU buscan controlar rutas comerciales vitales y corredores energéticos alternativos que eviten el estrecho de Ormuz.
La isla de Socotra, conocida como la «joya del Océano Índico», se ha convertido en un punto focal de la competencia.
Desde 2015, los EAU han trabajado para controlar la isla, inicialmente bajo el pretexto de ayuda humanitaria, pero luego mediante expansión demográfica y militar.
Han naturalizado a parte de la población, comprado tierras estratégicas y establecido fuerzas paramilitares leales, como la Élite de Socotra.
Además, han implementado proyectos de infraestructura y servicios, como el Hospital Khalifa Bin Zayed, para afianzar su influencia.
Arabia Saudí, por su parte, ha reforzado su presencia en Al-Mahra y Hadhramaut, desplegando fuerzas militares y apoyando a grupos salafistas. Esta competencia ha generado tensiones con las comunidades locales, que resisten la militarización y la influencia extranjera.
En Socotra, los residentes denuncian una «ocupación» emiratí, organizando protestas contra la alteración demográfica y cultural impulsada por los EAU.
La presencia de Israel en la región ha añadido otra capa de complejidad. Los EAU e Israel han establecido una cooperación militar y de inteligencia en Socotra, incluyendo la construcción de instalaciones de vigilancia y pistas de aterrizaje militares.
Tras la Operación Al-Aqsa Flood en octubre de 2023, se aceleró la construcción de infraestructura militar en la isla de Abdul Kuri, lo que sugiere que Israel planea utilizar Socotra como base avanzada para operaciones contra los hutíes (Ansarallah).
La escalada del conflicto en el este de Yemen tiene implicaciones globales. El control de esta región no solo afecta a Yemen, sino que también redefine el equilibrio de poder en el Medio Oriente.
Con la participación de actores como Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí y los EAU, la región se encamina hacia una confrontación sin precedentes que podría tener repercusiones de gran alcance en los corredores comerciales estratégicos y la estabilidad regional.


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