La administración de Damasco informó a determinados actores locales y a factores internacionales que se abocaría a detener la persecución y el exterminio que se estaría llevando a cabo contra los nusayris y los cristianos.
Sobre todo, hizo esas declaraciones cuando, desde países clave, comenzó a tomar forma exhortaciones especiales debido a los sucesos macabros acaecidos en el este y otras regiones desde principios de marzo.
El gobierno de Ahmed al-Sharaa manifestó que se crearon dos comités: uno que se dedicará a la investigación para seguir de cerca los abusos y crímenes ocurridos; y el otro es de carácter comunicativo para tender puentes de diálogo con los residentes costeros. Esgrime que, en áreas como la de Latakia, habría una proliferación de armas que estarían en manos de los antiguos partidarios del depuesto Bashar Al-Assad y que, por tal motivo, es una zona de enemigos potenciales del nuevo orden que se estaría construyendo.
Ahmed al-Sharaa habló de una influencia extranjera que operaría para hacer rebelde a Latakia y sus alrededores y que eso sería inaceptable como si él no hubiese llegado al mando político después de que se haya efectuado un pacto entre partes internacionales.
Las fuerzas de Seguridad Pública del Ministerio del Interior siguen presentes y extendidas en la región costera de Siria, pero aún así no llegan al nivel cero los secuestros y los asesinatos de los ciudadanos sirios que pertenecen al alauismo y al cristianismo.
Noticias procedentes de varios puntos geográficos, refieren que se producirían entre 15 a 20 secuestros de alauitas y cristianos por día tanto en la costa como en otras regiones.
Entre las personas que serían víctimas de dichas operaciones, se encuentran mujeres jóvenes y sus familiares sobrevivientes contarían con poca o ninguna ayuda de los organismos de seguridad para rastrear y localizar a las personas desaparecidas.
La situación vigente obliga a alauitas y cristianos el replantearse el quedarse en Siria con los peligros subyacentes o el migrar (huir) hacia el extranjero, siendo el Líbano la primera escala o, quizá, la estancia larga para todos aquellos que sienten que a su propio país lo están cambiando radicalmente y que el futuro de Siria tiene más incógnitas que certezas.
En resumen, no se detuvieron las violaciones de todo tipo, los secuestros y los asesinatos de las minorías como tampoco se eliminaron los desplazamientos de nusayris y cristianos. Una cantidad importante de sus aldeas están entre semi-pobladas y vacías.


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