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Actualización Geoeconómica: El Corredor India-Oriente Medio-Europa (IMEC) y la posición estratégica de Azerbaiyán

6–9 minutos

En la gran actualización diaria, hoy nos enfocamos en dos artículos de dos fuentes diferentes cuyo punto en común es el enfoque en lo geoeconómico. Concretamente, en las rutas que se planean construir en Asia Occidental (Oriente Medio), tanto por el Cáucaso sur como en zonas más meridionales y de alcance intercontinental. Sin más que añadir, vamos con la traducción analítica:

La ilusión imperial del IMEC: por qué fracasará el corredor comercial respaldado por Estados Unidos

Empezamos por un artículo de Suleyman Karan en The Cradle: El Corredor India-Oriente Medio-Europa (IMEC, en inglés), una iniciativa comercial respaldada por Estados Unidos, busca conectar India con Europa a través de Asia Occidental mediante una red de puertos, ferrocarriles, tuberías de hidrógeno y cables submarinos. Anunciado en la Cumbre del G20 de 2023 en Nueva Delhi, el IMEC se presenta como una alternativa a la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI) de China.

Consta de dos componentes principales: un corredor oriental que une India con el golfo Pérsico por vía marítima y un corredor norte que conecta los puertos del Golfo con Europa a través de rutas marítimas y ferroviarias. Forma parte de la Asociación Global para la Infraestructura y la Inversión (PGII, en inglés) del G7, que pretende movilizar capital público y privado para proyectos de infraestructura, aunque los detalles financieros y la voluntad política son inciertos.

En febrero de 2025, durante una visita del primer ministro indio Narendra Modi a Washington, el presidente estadounidense Donald Trump destacó el IMEC como una de las mayores rutas comerciales de la historia, conectando India, Israel, Italia y Estados Unidos.

Se emitió una declaración conjunta para convocar a las partes interesadas del IMEC y del Grupo I2U2 (India, Israel, Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos) en un plazo de 6 meses para anunciar nuevos proyectos. Sin embargo, el proyecto enfrenta desafíos significativos debido a tensiones geopolíticas y deficiencias estructurales.

El IMEC busca eludir a Irán, marginar a China y fomentar la normalización de relaciones entre los Estados árabes e Israel. Sin embargo, la participación de Israel, especialmente tras sus acciones militares en Gaza, Irán, Yemen y Siria, ha generado una fuerte oposición pública en los países árabes socios del IMEC, como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Jordania.

Esta oposición hace políticamente inviable la cooperación con Israel, que es un componente clave del corredor como puerta de entrada al Mediterráneo. Además, el IMEC excluye a Turquía, un importante centro logístico, y a Egipto, que controla el Canal de Suez, lo que refuerza la fragmentación regional en lugar de la integración.

La estructura del IMEC también presenta problemas logísticos. Entre Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí e Israel existe un vacío ferroviario de 1.000 kilómetros a través de terreno desértico, sin normas comunes para el ancho de vía, contenedores o leyes aduaneras. Las redes de cables ópticos, tuberías de hidrógeno y redes energéticas son solo aspiraciones.

La financiación es otro obstáculo importante. Aunque el G7 prometió 600.000 millones de dólares para el PGII, estas promesas no se han materializado. Arabia Saudí ha comprometido 20.000 millones de dólares, pero esto es insuficiente frente al total necesario para 2027. El memorando de entendimiento del IMEC no impone obligaciones financieras claras, y la carga probablemente recaiga en el G7, cuyas economías enfrentan restricciones debido al gasto militar y estancamiento económico.

India, un defensor clave del IMEC, enfrenta sus propios desafíos. Aunque sus exportaciones alcanzaron 451.100 millones de dólares en 2023, según el informe del Ministerio de Finanzas de India de enero de 2024, estas se desaceleraron desde noviembre de 2023.

Las tensiones con Pakistán y China también podrían generar complicaciones adicionales. La rivalidad entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, ambos socios del IMEC, complica aún más la cooperación, ya que Riad ha impuesto aranceles a productos emiratíes y compite por el liderazgo regional.

Expertos como Mehmet Perincek y Sibel Karabel han señalado la falta de coordinación y financiación clara. Perincek destaca la ausencia de recursos financieros, mientras que Karabel subraya la incertidumbre sobre las fuentes de financiación y la dependencia de inversiones privadas, a diferencia de la BRI, que cuenta con un fuerte respaldo gubernamental chino.

La exclusión de Egipto y la influencia china en el puerto del Pireo, controlado por COSCO, añaden más complejidad. La guerra en Gaza y los conflictos en el mar Rojo, liderados por el Eje de la Resistencia, amenazan las rutas marítimas del IMEC, mientras que la preferencia de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos por mantener relaciones con China y Rusia debilita la cohesión del proyecto.

Azerbaiyán: ¿un peón en el tablero de ajedrez de Occidente?

Terminamos con un artículo de Laura Ruggeri en su propia web. Azerbaiyán ha emergido como un punto clave en la estrategia occidental para controlar los recursos energéticos y las rutas comerciales de Asia Central y el Cáucaso Meridional. En 1997, Zbigniew Brzezinski describió a Azerbaiyán como un corcho que controla el acceso a las riquezas de la cuenca del mar Caspio y Asia Central.

Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, el Cáucaso Meridional se convirtió en un espacio disputado, y la atención occidental hacia la región creció tras la guerra de Nagorno-Karabaj de 2020.

El informe de Eric Rudenshiold de enero de 2025, respaldado en círculos de Washington, aboga por un mayor compromiso estadounidense en el Cáucaso y Asia Central a través del Corredor Medio (Ruta Comercial Internacional Transcaspiana), que conecta China con Europa a través de Asia Central, el mar Caspio, Azerbaiyán, Georgia y Turquía, evitando Rusia e Irán.

Daniel Runde, exfuncionario de USAID, enfatizó la importancia de Azerbaiyán como punto de tránsito para minerales críticos y rutas comerciales, sugiriendo un enfoque más profundo hacia el país para contrarrestar a Rusia y China.

Históricamente, Azerbaiyán mantuvo una política exterior de equidistancia, equilibrando relaciones con Rusia y Occidente. Sin embargo, desde la guerra de Nagorno-Karabaj, Bakú ha intensificado su retórica antirrusa, cerrando centros culturales y medios rusos, y ha adoptado posturas de confrontación, especialmente tras el accidente de un vuelo de Bakú a Grozny en 2024.

Esta alineación con Occidente se ve reforzada por inversiones extranjeras, especialmente del Reino Unido, que es el mayor inversor en Azerbaiyán, con más de 450 empresas británicas operando en el país. BP, con inversiones de 87.000 millones de dólares en proyectos energéticos, juega un papel central, colaborando con el gobierno azerbaiyano en iniciativas como la reconstrucción de Shusha y Jabrayil tras la guerra, incluyendo una planta solar de 240 MW en Shafag.

Turquía, el segundo mayor inversor, comparte lazos culturales y económicos con Azerbaiyán, con proyectos como los oleoductos Bakú-Tiflis-Ceyhan y Transanatoliano. La Organización de Estados Turcos (OET), que incluye a Azerbaiyán, busca fortalecer la influencia turca en Asia Central, promoviendo iniciativas como la Visión del Mundo Turco 2040 y un alfabeto turco común. Aunque la OET no confronta directamente a China o Rusia, sus acciones, como el mapa unificado del mundo turco, generan preocupación en Pekín y Moscú por posibles implicaciones nacionalistas.

La Unión Europea también ha intensificado su compromiso con Azerbaiyán y Asia Central a través de iniciativas como el proyecto Global Gateway y la mejora del Corredor Medio. En 2024, la UE comprometió 10.000 millones de euros para infraestructuras en Asia Central, aunque estas promesas palidecen frente a las inversiones chinas, que superan los 60.000 millones de euros.

La visita de Kaja Kallas a Azerbaiyán en abril de 2025, coincidiendo con la conmemoración del genocidio armenio, subrayó el interés europeo en los recursos energéticos y la posición estratégica de Azerbaiyán.

El corredor de Zangezur, que conectaría Azerbaiyán con Najicheván a través de Armenia, es un foco de interés occidental. En julio de 2025, medios informaron que Estados Unidos planea arrendar esta ruta por 100 años, gestionada por una empresa logística estadounidense, aunque no hay confirmación oficial.

Armenia, bajo Nikol Pashinyan, ha mostrado una inclinación hacia Occidente, suspendiendo su participación en la OTSC y solicitando la adhesión a la UE, mientras reprime a las fuerzas prorrusas. Desde 1992, Estados Unidos ha invertido 3.000 millones de dólares en Armenia, con 2.100 millones entre 2019 y 2024, y la UE aprobó 270 millones de euros en 2024 para apoyar su agenda.

El Reino Unido, a través de iniciativas como las garantías de crédito de 5000 millones de libras de la Agencia de Crédito a la Exportación, busca reforzar su influencia en Azerbaiyán, mientras que la presencia de exfuncionarios del MI6 y del Ministerio de Defensa británico en BP indica una conexión profunda entre los intereses energéticos y de inteligencia.

La sinergia entre la OET y el Corredor Medio, destacada por el think tank RUSI, subraya la importancia estratégica de Azerbaiyán para Occidente, aunque las tensiones con Rusia y la competencia con China complican esta alineación.


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