Un peligroso radicalismo islámico, del que ya venimos tiempo advirtiendo en nuestro medio, se está extendiendo por Nigeria y otras zonas de África. Como señalamos la semana pasada, un sacerdote católico local hacia un llamamiento a la comunidad internacional, pero sus plegarias no fueron escuchadas, y Bruselas dio la callada por respuesta.
A modo de ejemplo de lo que está ocurriendo en este lugar del planeta, un Tribunal de la ciudad de Kano, en el norte de Nigeria, ordenó a la policía islámica local celebrar la boda de dos populares usuarios de TikTok, Basira Yar Guda e Idris Mai Wushirya. ¿El motivo? La publicación en TikTok de un vídeo considerado indecente, en el que se les ve mostrando un comportamiento cariñoso. Un beso, nada más, pero sucio e inmoral según las autoridades. Pero la sentencia es clara, el matrimonio debe celebrarse en un plazo de 60 días, y cualquier retraso constituiría desacato.
En esta zona, la ley sharia, es aplicada por la llamada hisbah, la policía religiosa que es responsable de garantizar su cumplimiento. Distintos episodios en redes sociales han reavivado el debate sobre la difícil coexistencia entre la difusión de en internet y la autoridad religiosa en los doce estados de mayoría musulmana de Nigeria.

En los últimos tiempos, la Hisbah ha arrestado o multado repetidamente a influencers y artistas por comentarios considerados inmorales, hecho este que está comenzando a dividir a la población.
Considerando la cantidad de nigerianos que llegan a Europa y sus comunidades ya establecidas en varios países de la UE, se puede apreciar el nivel de atraso de estas poblaciones tribales y primitivas.
La mafia nigeriana, el Hacha Negra, controla el narcotráfico y la prostitución en países como el Reino Unido e Italia.
Si a esto le sumamos la afluencia masiva de nigerianos ilegales, cuyas costumbres y prácticas son diametralmente opuestas a las de los europeos, no sorprende leer informes de violaciones y asesinatos perpetrados por estos homínidos contra la población blanca nativa.
La práctica de la magia negra de estas comunidades debería ser otro motivo de preocupación de los europeos. Estos rituales están en las antípodas de la cultura europea, y pueden considerarse salvajismo en estado puro. Se han dado caso de africanos que, subidos en un cayuco en alta mar, deciden ahogar a un bebé para pedir a sus nefastos dioses una travesía exitosa. ¿Hay por tanto que respetar sus costumbres?



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