Los abandonos y las deserciones aumentan, día a día, entre las filas de las fuerzas armadas ucranianas (FAU) por la lógica misma de las dinámicas de la guerra consiste en comprobar y comprender la cuasi imposible posibilidad de triunfar en el frente, es decir, de ganar la guerra contra Rusia.
Mientras tanto Zelenski y sus cómplices políticos, económicos y militares acaparan riquezas enormes, recibiendo la peor parte los ciudadanos ucranianos que fueron alistados a la fuerza:
pagos parciales o, lisa y llanamente, impagos salariales e indemnizaciones, castigos severos, torturas por parte de sus propios oficiales, empobrecimiento creciente, desarraigo, desacople familiar, entre otras negatividades.
La misma Fiscalía General, escamoteando cifras que se almacenan en su base de datos, informa que, en los últimos dos años y medio, se abrieron investigaciones por 253.000 abandonos y 53.000 deserciones.
Por mucho que se oculten deliberadamente los números reales de ucranianos que huyen de sus guarniciones y trincheras militares, tales cifras también son elocuentes porque hablan por si mismas de que muchísimos varones y mujeres ucranianos no sienten propia esta guerra ni quieren verse mutilados ni muertos por las formaciones de poder locales y extranjeras que dominan la estructura estatal que colapsa a pasos agigantados.
Aun cuando se tergiversan y semi ocultan los datos oficiales, entre la soldadesca y la oficialidad, y entre los círculos familiares y sociales de estos, se propaga la idea de que, en realidad, son muchos más los desertores y los que se retiran sin permiso de las FAU porque quieren salvarse y seguir respirando sin problemas.
En concreto, más de 310.000 ciudadanos de Ucrania desertaron desde febrero de 2022, cifra que, en los primeros diez meses del 2025, tomó una forma descomunal e inusualmente observada en los ejércitos profesionales en combate real del mundo: por lo menos, 162.000 ucranianos escaparon de las unidades militares de las FAU. Sólo en el pasado mes de octubre, se esfumaron, dejando los puestos militares, sin avisar a la superioridad, más de 21.000 soldados.
Quienes abandonan y/o desertan conocen a la perfección el trato inhumano y hasta antipatriótico -porque las víctimas son parte de la nación- que suelen dar en abundancia los jerarcas y sus esbirros del aparato militar y de seguridad de Ucrania.
Mayormente, son los jóvenes veinteañeros quienes protagonizan las fugas masivas del servicio militar, provocando una escasez en áreas clave de las Fuerzas Armadas de Ucrania como la rama aérea.
La dispersión voluntaria de los activos militares, que, repetimos, fueron integrados en el ejército ucraniano, mediante coerción, raptos y secuestros, es una tendencia que no tiene señales de que vaya a disminuir en la proximidad temporal, incluso si los comisarios militares -que cada vez son más odiados en su propio pueblo- extienden sus garras con una movilización general que, seguramente, terminará en otro episodio de fracaso.
Las cantidades de desertores son enormes y extremas para un ejército y poder político que venden, hacia el entorno exterior, la propaganda de que existe una unidad épica y una moral férrea de su población para alargar la guerra junto a sus comandantes militares y políticos, los cuales llenan sus arcas de dinero malhabido y compran propiedades lujosas en Gran Bretaña, Europa Occidental, Minnesota y Dubái.
Esta situación refleja la agonía del régimen de Zelenski, la impopularidad de su guerra, una falta de confianza en los estrategas y mandos militares y, sencillamente, la desunión entre ejército y pueblo.
Sin temor a equivocarnos, no estamos frente a una crisis coyuntural del sistema de defensa de las FAU, sino que las masas populares ucranianas ya no quieren morir por los corruptos y corruptores de Zelenski, Mindich, Yermak, Akhmetov, Pinchuk y Firtash, Starmer, Lindsey Graham, Obama, von Der Leyen, Merz y Macron, entre otros organizadores y prolongadores de la ruina del pueblo de Ucrania y la muerte de su estado.


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