Europa suma más problemas y profundiza su desorientación estratégica

3–4 minutos

El 2025 está finalizando con una Europa llena de contradicciones internas, déficit estratégico e incertidumbre sobre su futuro, aún el inmediato.

En cuanto a sus problemas intestinos, la forma en que se gestiona la UE y, sobre todo, sus móviles finales, son los que agregan un cúmulo de inconvenientes innecesarios al conjunto de los países europeos ya que éstos deberían estar despejando su camino de escollos para posicionarse mejor ante las tendencias macro sistémicas mundiales, pero la Comisión Europea, en vez de facilitarles la existencia, les complica con sus obsesiones belicistas contra enemigos imaginarios e intereses no confesos que, en la facticidad de las cosas, terminan jugando en contra del bien común soberano de los pueblos y la trayectoria geopolítica independiente de los estados nacionales.

Pareciera que ya queda muy poco, o casi nada, de la Europa de Westfalia, de la Europa de Roma y hasta de la polémica Europa de Maastricht y, en su lugar, hay una Europa Enajenada o, peor aún, la Europa de la rapiña perenne donde la declamada democracia y el empoderamiento ciudadano son sólo eslóganes para el consumo del vulgo, mientras los poderes fácticos internacionales se quedan con los botines.

Sí, esto es lo que piensan muchos dentro de la UE y es lo que también se visibiliza, en estos días, en las protestas de los agricultores donde, en algunos sitios, llegaron a quemar la bandera de la UE.

Claro está -y nos remitimos a los mismos hechos- que la tecnocracia de Bruselas no aprecia la dignidad de tales europeos y, aún menos, está dispuesta a solucionarles sus problemas integrales.

El vértice del poder europeísta en vez de fortalecer y unir a los pueblos en los principios naturales e históricos de ellos y en sintetizarlos en una estrategia realista y pragmática, los toma como ratones de laboratorios, los golpea y les amenaza regularmente con que deben acatar los dictados de Bruselas y adaptar a sus comunidades nacionales según las condiciones y las exigencias del patrón del sistema atlántico o globalista.

No obstante ello, es muy evidente que la toma de decisiones de la UE no puede presentar, en los escenarios múltiples, una estrategia madre que sea sensata, evolutiva, adaptada para resolver decorosa y productivamente sus conflictos y complicaciones y obtener estabilidad y certezas, más allá de la prisión o campo de concentración que ciertos círculos europeístas sueñan con imponer a los pueblos en aras de pervivir en el control estratégico.

Los pueblos y jefes de estados que están en su seno ya evidenciaron que seguirán divididos entre sí y que Bruselas no podrá ponerle final a ese fenómeno.

Con mayor frecuencia, se ve que el resto del mundo ha perdido el respeto por Europa y su liderato y contempla tanto el declive de ellos como el trato que la plataforma Trump les da. Trump, un poco en broma, y un poco en serio, piensa que, sí él quiere, en los hechos, puede actuar como el Rey de Europa sobre los Von der Leyen, Merz, Macron y las dinastías de las casas europeas.

En su tan comentado Documento de Estrategia de Seguridad Nacional, les reveló, en parte, lo que les tiene preparado.

La falencia estratégica europea es tal que los burócratas, y sus corporaciones empresariales, se inventan recurrentemente mitos geopolíticos, conspiraciones y enemigos porque la Hora actual y todo lo que ella contiene les está sobrepasando porque los tecnócratas tenían un software que era adecuado para un tiempo ya no volverá.

¿Qué pasará con la UE y, en general, con Europa? Será la pregunta principal que se harán, durante los próximos tres años, millones de europeos preocupados y angustiados por su destino, quienes seguirán recibiendo de los portavoces globalistas construcciones alejadas de la realidad, sin sentido común.


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