El panteón familiar donde descasan los restos del antiguo líder de los identitarios franceses ha sido completamente destrozado, y la cruz ha quedado hecha añicos a mazazos.
A las tres semanas de su muerte, acaecida el pasado 7 de enero, la tumba del histórico fundador del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, se ha profanado en la madrugada del viernes, provocando duras y lógicas reacciones de indignación por parte de familiares y simpatizantes de la formación patriótica.
La policía y representantes municipales de La Trinité sur Mer, localidad de nacimiento de Jean Marie, acudieron al lugar para iniciar la investigación, mientras el cementerio fue cerrado al público por unos días.
Estos deleznables hechos no pueden calificarse de aislados, la noche del fallecimiento de Jean Marie Le Pen, la izquierda salió en tromba a la calle a celebrarlo con lanzamiento de fuegos artificiales incluido, en numerosas ciudades francesas, actitud que define muy bien a los participantes.
En un país en el que la fractura social se ensancha por momentos, la izquierda francesa echa más leña al fuego, e incluso sus medios de comunicación afines han tratado de suavizar este incalificable hecho.
Los que llevan décadas autoproclamándose abanderados de la moral, la transigencia y la igualdad, resulta que igual celebran la muerte de un ser humano, que profanan su tumba.
La hipocresía izquierdista está llegando ya a unos límites nunca antes imaginables, mientras crecen las adhesiones a la derecha identitaria francesa encabezada por la familia Le Pen.
La experiencia histórica nos ha mostrado que es con este tipo de actitudes como se prende la mecha que da comienzo a los conflictos civiles, y en un país tan sumamente polarizado como Francia, la desgracia puede ocurrir en cualquier momento. Las redes sociales están llenas de videos de violentos enfrentamientos acaecidos todos los fines de semana entre partidarios de los dos extremos del espectro político.
En una Europa que empieza a perder el rumbo, señalada ya directamente por el nuevo Presidente de EEUU que clama venganza, y por el otro costado por una Rusia que quiere cobrarse todos los daños provocados por las sanciones impuestas, el terreno se va abonando adecuadamente para un hundimiento generalizado que ellos mismos se han buscado.



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