El desmantelamiento de la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional (USAID) impacta fuertemente, en todos los continentes, debido al alto alcance que el organismo supo tener; su expansión, por supuesto, tuvo mecánicas y fines neocolonialistas que atacaron y arruinaron a un número importante de países de todo el mundo.
USAID fue y es sinónimo de unipolarismo geopolítico. USAID fue y es una herramienta pervertidora y genocida. USAID fue y es una mancha terrible en la historia del pueblo que se publicita como el más grande.
De hecho, muchos ciudadanos de USA han criticado ferozmente al organismo y acompañan la ofensiva del tándem Trump-Musk para cerrarle a la élite globalistas esta herramienta.
Cabe destacar que USAID, en la reestructuración que sucede en el organigrama federal, pasa, ahora, a ser una oficina más, sin el poder financiero y de movimiento que solía tener.
Sus empleados más recalcitrantes, sus colaboradores más serviles y sus asesores externos más facinerosos han visto perder la “fuente dadora de riqueza y estatus” sin que pudieran hacer algo para impedirlo.
Grandes agencias y medios de comunicación, insignes organizaciones internacionales, renombradas oenegés y numerosos venales de la ciencia, la intelectualidad, el militarismo y el activismo social y cultural lloran porque se les acabó el dinero que les fluía incesantemente.
Hasta el mismo George Soros obtuvo cientos de millones de dólares de la USAID para su ingeniería globalista.
Aparte de la sociedad de los EE.UU., entre los primeros objetivos de los planificadores de USAID estuvieron Rusia, China, Irán, la India, Turquía, Brasil y México.
A todas luces, USAID pregonó, sin éxito, los derrocamientos de Trump, Putin y Xi Jinping y la desestabilización y el cambio de régimen en Irán.
Pero, en un sentido estricto, más de 120 naciones y estados fueron víctimas objetivas de la célebre y tenebrosa Agencia.


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