Mientras Gaza yace en ruinas, Egipto impulsa un plan de reconstrucción masivo respaldado por países árabes, que busca mantener a los palestinos en su lugar en lugar de desplazarlos.
Sin embargo, con Hamás enfrentando divisiones internas, Israel reforzando su control y Trump promoviendo su propia agenda, ¿podrá El Cairo lograrlo?
Fuentes dentro de Hamás, expresan escepticismo: Quien no haya logrado detener la guerra en Gaza o entregar la ayuda como debería, no puede ser considerado hoy como alguien en quien confiar para salvar a los habitantes de Gaza del desplazamiento o asegurar un acuerdo a su favor.
Este sentimiento refleja la compleja realidad política que enfrenta Hamás, agravada por declaraciones extraoficiales de fuentes palestinas, israelíes y estadounidenses, en lugar de comunicados oficiales.
Mousa Abu Marzouk, miembro de la oficina política de Hamás, sugirió en The New York Times la posibilidad de abandonar la resistencia armada, una declaración posteriormente desmentida. The Wall Street Journal fue más allá, insinuando que los líderes externos de Hamás podrían distanciarse de los líderes en Gaza debido a diferencias estratégicas.
No está claro si esto refleja una división interna o es una táctica para gestionar la reacción internacional ante el regreso de Trump al poder.
En este contexto, Egipto lidera un plan árabe para reconstruir Gaza, presentado como alternativa a la propuesta de Trump de desplazar a los palestinos. El Cairo, dada su frontera con Gaza, es clave en este esfuerzo, que busca evitar otra Nakba (catástrofe palestina).
El plan divide Gaza en tres zonas humanitarias, donde se construirán campamentos con servicios básicos como agua y electricidad. Se introducirán miles de viviendas prefabricadas en áreas seguras, mientras se avanza en la remoción de escombros, actualmente bloqueada por Israel.
El proyecto, financiado por fuentes árabes e internacionales, involucrará a unas cincuenta empresas multinacionales. Se espera construir viviendas seguras en un año y medio, con la posible creación de un fondo de reconstrucción liderado por árabes, incluso denominado «Fondo Trump para la reconstrucción de Gaza». Además, se propone una zona de amortiguación en la frontera con Egipto para evitar túneles.
El Sindicato de Ingenieros Egipcios ya está colaborando, con un comité asesor que estima que el proyecto tardará entre tres y cinco años. La primera fase incluirá la remoción de escombros y el desarrollo de infraestructura esencial, seguida de la construcción de viviendas, escuelas y centros de salud.
La Autoridad Palestina (AP), respaldada por EE.UU. e Israel, también presentó un plan de reconstrucción en dos fases, con un costo estimado de 53.000 millones de dólares. Sin embargo, el éxito del plan egipcio depende de mantener un frágil alto el fuego y asegurar la cooperación internacional.
Con Israel controlando el flujo de ayuda y materiales, y las tensiones aún altas, cualquier error de cálculo podría hacer fracasar la iniciativa. Para Egipto, este proyecto no solo es una reconstrucción, sino una estrategia para mantener su influencia en la región.


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