Las medidas ejecutivas del inquilino de la Casa Blanca están atravesando las distintas capas e impactando en las variables que, en su primer gobierno, no fueron afectadas en gran medida.
La ofensiva trunpista alcanza a las estructuras de los medios de comunicación que son propiedad del poder federal y que, mediante ellas, las élites liberales impusieron sus perspectivas y agendas hacia el interior y el exterior de los Estados Unidos.
Ahora, Trump y su personal recortan el presupuesto y los márgenes de actuación y reemplazan la forma ideológica.
Esto se traduce en millones de dólares que ya no estarán disponibles para las herramientas mediáticas de las ramas informativas de Medio Oriente con el consiguiente desempleo de periodistas, productores y técnicos y los servicios de terceros asociados a ellos. También implica la aplicación de modificaciones en la narrativa y el ángulo de diversos temas.
Naturalmente, continuarán el énfasis en la excepcionalidad estadounidense y la conveniencias que tendrían los árabes en mejorar las relaciones con los Estados Unidos.
Con estos cambios, también quedaría afuera una cantidad no menor de activistas de derechos humanos y animadores de la sociedad civil abierta que trabajaban estrechamente con las gerencias de los medios y las embajadas de los demócratas y los republicanos del partido de la guerra.
Una de las mayores víctimas es la Middle East Broadcssting Network (MEBN) que se creó con la invasión militar estadounidense en Irak y cuya influencia de multiplataforma llego a ser importante, acompañando siempre a las políticas belicistas y las ambiciones expansionistas de los poderes fácticos de EE UU.
Los directores de MEBN plantean una oposición a las decisiones de los funcionarios de Trump, pero no se visualiza que vayan a tener éxito.
Frente a este panorama, los medios de comunicación regionales que compiten, en el mercado de la opinión pública, contra el aparato comunicacional de los EE.UU., proyectan aumentar su funcionamiento.


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