No hay más opciones para el Trump actual que el tratar de imponer -sí, obligar- a que el pomposamente llamado Plan Integral para la Paz de Gaza sea una realidad en los próximos 15 meses porque de no intentar su concreción podría ser objetivo de más- pero intensísimas- campañas de desestabilización y derrumbe de su autoridad y proyecto y hasta su imagen personal sería objeto de una pulverización con todo lo que ello implica para un hombre que captó decenas de millones de partidarios que militan por un Estados Unidos sin gobernantes inmorales o amorales de la secta globalista.
Además, es también un canal para monopolizar, desde los Estados Unidos, el futuro del pueblo palestino y limitar la geopolítica de hegemones como el chino, el cual firmó acuerdos con la Autoridad Palestina y con las facciones de la designada Resistencia para fortalecer la institucionalización del estado palestino y para que Palestina sea una carta favorable y partidaria suya en todo el mundo musulmán.
Evidentemente, los chinos, en esas extensas asociaciones y alianzas que están forjando en el sur y occidente asiáticos, brindará cobertura a los movimientos políticos y armados que se oponen a la denominada hegemonía estadounidense.
China, sin romper lazos diplomáticos y estatales con Israel, eligió el bando palestino. Por ello, Netanyahu dijo que los chinos, a través de TikTok, sostienen la campaña propalestina para ganar la simpatía de los chicos estadounidenses para Gaza y la causa de Palestina.
Pero regresemos al Plan que Trump presentó.
Si este se hubiese impulsado en su primer mandato, quizá habría tenido más probabilidades de reconfigurar toda Gaza en beneficio de EE.UU. e Israel. Sin embargo, hay condiciones de diferentes dimensiones que generan un planteamiento prudencial sobre el éxito ulterior.
Una parte importante de los puntos del Plan carece de relevancia y también hay vaguedades a lo largo y ancho del contenido de ese Plan. Es necesario recordar que Tump no domina la mayoría de las variables operantes y que no tiene las características intrínsecas y subjetivas para reiniciar el Medio Oriente para un nuevo milenio.
Seamos sensatos, crudamente realistas: es una campaña publicitaria presentar a Trump como el líder que cambiará para siempre la faz de esa zona tan crítica para el mundo. No establecerá ninguna paz. Ni la eterna; ni la coyuntural y la generalidad del pueblo palestino – el presente y el futuro- tendrá sólo sentimientos negativos para el presidente de los EE.UU.
En cambio, Trump sí puede minimizar las tensiones y los conflictos o reactivarse para que la región no decante en una guerra de gran destrucción. De él dependerá como evolucionarán algunas cosas regionales y si será amado u odiado históricamente en Medio Oriente.


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