Aun cuando el Jefe del Salón Oval no fue herido y continúa capeando la crisis originada a partir del Signalgate, la presión mediática y política no disminuyó a mínimos.
La primera reacción pública de Trump fue la defensa de su Asesor de Seguridad Nacional, Michael Waltz, ordenando a sus colaboradores de las áreas de inteligencia que salieran al campo de juego para elogiar el rol profesional del equipo gubernamental involucrado en el hecho.
La primera etapa de la ofensiva opositora no pudo cargarse a Waltz (se buscaba su despido) y, en estas semanas, presenciaremos la segunda fase con un final que puede contener o no el despido de quién también formara parte de la asesoría Antiterrorista del unipolarista Dick Cheney.
A medida que el escándalo aumentaba en la opinión pública, algunas trincheras anti-belicistas esgrimían que Waltz era, realmente, un topo ya que nunca se apartó de sus vínculos con los neoconservadores. Tenuemente, le pedían a Trump que lo cesanteara de la función para la cual lo había designado.
En su momento, cuando el presidente conformaba sus equipos de gobierno, Tucker Carlson le habría sugerido que no nominara a Waltz y que, en su lugar, sea catapultada una figura que no tenía los antecedentes ni las relaciones con algunas piezas del partido de la guerra. El presentador de noticias le dio un nombre en concreto, pero, conforme con lo que trascendió, Trump no respondió positivamente al pedido de su amigo Carlson (los fundamentos permanecen entre cuatro paredes).
Este domingo, 5 de abril, The Guardian, un claro medio anti-Trump, reveló la forma en que el editor Jefe de The Atlantic, Jeffrey Goldberg, habría llegado al chat grupal de Signal donde se acordaba y disponía, según este veterano periodista, las operaciones militares de los Estados Unidos contra los hutíes.
De acuerdo con The Guardian, el teléfono de Waltz había guardado el número de Goldberg como parte de una serie de eventos improbables que comenzaron cuando Goldberg envió un correo electrónico a la campaña de Trump en octubre pasado.
Según tres personas informadas sobre la investigación interna, Goldberg envió un correo electrónico a la campaña sobre un artículo que criticaba a Trump por su actitud hacia los militares heridos. Para contrarrestarlo, la campaña solicitó la ayuda de Waltz, su representante en seguridad nacional.
El correo electrónico de Goldberg fue reenviado al entonces portavoz de Trump, Brian Hughes, quien luego copió y pegó el contenido del correo electrónico, incluido el bloque de firma con el número de teléfono de Goldberg, en un mensaje de texto que envió a Waltz para que pudiera estar informado sobre la próxima historia.
Creer o reventar. La verdad es que la situación le ocasionó algunos problemas a Trump y aún subsiste el intento de que se produzca el despido de Waltz.
El movimiento MAGA no lo ve como uno de los suyos y los rivales lo quieren para golpearlo a Trump.
Waltz, por su parte, querrá sumar más puntos ante el presidente, especialmente sobre la cuestión ucraniana.


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