Las relaciones entre el presidente de EE.UU., Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, pasan, en estos días, por una reducción en cuanto su alcance, afectando parcialmente la interacción entre los funcionarios más cercanos a Trump y sus pares israelíes.
Sin entrar en alarmismos incoherentes y generalizaciones de fondo irracional, destacamos que, paralelamente, operan jugadores clave de talla mundial para que no se genere una disrupción israelí-estadounidense y para que el estado de Israel continúe, dentro de lo posible, con una seguridad máxima y una extensión de sus relaciones exteriores con otros estados de Asia cuando se establezcan nuevas ecuaciones regionales, algunas de ellas serán desagradables para Netanyahu y sus aliados internos.
Tras comprobar que Netanyahu le podría sumergir en arenas altamente peligrosas con desenlaces contraproducentes. Trump decidió avanzar con sus propias implementaciones.
Por su parte, Netanyahu, quien trata de mantenerse en el poder y borrar de la historia israelí sus aspectos políticos negativos apelando a un cambio completo del panorama regional para hacerlo favorable a las proyecciones del estado de Israel, evita de criticarle públicamente a Trump tratando de influir en funcionarios designados por el 47°, causando con ello, por ejemplo, el despido de Michael Waltz.
Para los conocedores fiables de la vinculación estratégica entre Washington y Tel Aviv, no se vería amenazada la alianza geopolítica entre los dos estados, aunque, especialmente para los expertos israelíes, tratándose de la imprevisibilidad del carácter de Trump, la tensión no estaría cerca de finalizar.
Por lo tanto, los desacuerdos surgidos entre Trump y Netanyahu podrían crecer llevando a mínimos históricos el contacto de reciprocidad estatal.
Sin embargo, para que se desarrolle tal estadio se debería desfuncionalizar otras variables de alto poder y, según lo que observamos, dicha plausibilidad no se daría en estos años.
Aunque es cierto que Trump estará fuera del control de Netanyahu y, en los Estados Unidos, aumentó socialmente el descontento con Israel.


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