Estados Unidos ha usado SWIFT como arma financiera, pero aliados y adversarios están creando alternativas para escapar del sistema dominado por el dólar.
SWIFT, la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales, es una plataforma de mensajería que facilita transacciones transfronterizas rápidas y seguras. Sin embargo, su neutralidad se vio comprometida cuando en 2006 se reveló que proporcionaba datos a la CIA y al Tesoro de EE. UU. La vigilancia persiste, con la NSA monitoreando mensajes.
En 2012, SWIFT expulsó a Irán bajo presión de EE. UU. y la UE, acusándolo de violar sanciones. En 2017 y 2022, Corea del Norte y Rusia fueron desconectados, respectivamente. Estas acciones dejaron claro que SWIFT es un instrumento de guerra económica, no una plataforma imparcial.
La desconexión de SWIFT paraliza economías, aislando bancos y deteniendo el comercio. Rusia, tras amenazas en 2014, lanzó el Sistema de Transferencia de Mensajes Financieros (SPFS) en 2017, que ahora conecta 177 instituciones de 25 países. Irán, en 2023, comenzó a integrar su sistema ACUMER con Rusia.
El mayor desafío proviene de potencias emergentes. China desarrolló el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS) en 2015, con casi 4800 bancos participantes. Los BRICS, superando al G7 en economía, iniciaron BRICS Pay en 2018, con pruebas piloto desde 2019 y respaldo chino en 2024.
Incluso aliados de EE. UU. desconfían de la politización de SWIFT. En 2022, la ASEAN lanzó la Conectividad de Pagos Regionales (RPC), usando sistemas como PayNow de Singapur y PromptPay de Tailandia para transferencias directas, evitando el dólar y SWIFT. La Unión Africana también implementó el Sistema Panafricano de Pagos y Liquidez (PAPSS), eliminando la intermediación del dólar.
SWIFT pierde atractivo. Su seguridad está comprometida por la vigilancia estadounidense y un ciberataque en 2016 que robó 81 millones de dólares. Su velocidad es superada por sistemas en tiempo real como RPC y PAPSS. Su universalidad disminuye con cada exclusión.
El CIPS chino, sin historial de sanciones, gana terreno. A medida que más países adoptan alternativas, el impacto de las prohibiciones de SWIFT se debilita. Esto facilita el abandono del dólar, con China y Arabia Saudí explorando comercio en renminbi.
Aunque SWIFT sigue siendo relevante, los sistemas alternativos ofrecen a las naciones soberanía económica. La supremacía financiera de EE. UU. no desaparecerá pronto, pero el auge de plataformas paralelas indica que potencias globales, aliadas o no, buscan independencia del control financiero occidental.


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