Lo que tendría que haber sido una celebración, terminó en tragedia. Sólo los vándalos se comportan así; saqueos de tiendas y violencia descontrolada fueron la tónica general durante la noche del sábado que terminó con dos muertos y más de seiscientos detenidos.
Francia es ya un Estado fallido. Una política migratoria suicida, acompañado de un sistema judicial demasiado laxo han convertido al país galo en una cloaca que ya se ha desbordado y no se vislumbra solución alguna.
La capital francesa es lo más parecido a un escenario de guerra sólo imaginable en películas de género apocalíptico. La violencia se ha desatado a unos niveles nunca vistos. Lo que comenzó como una fiesta por el primer título europeo conseguido por el PSG acabó con un trágico balance de dos muertos, multitud de heridos, incendios por las calles de varias ciudades y cerca de 600 detenidos.
Una de las dos víctimas mortales fue un joven de 17 años que fue apuñalado en Dax, una localidad del suroeste de Francia. La segunda fue una mujer de 63 años que sufrió un salvaje atropello.
Según los informes policiales, entre los congregados había individuos que propiciaron los incidentes con la clara finalidad de provocar el enfrentamiento con las fuerzas del orden.
A pesar del despliegue de 6.000 agentes en la capital, la situación quedó fuera de control, especialmente cuando se produjeron diversos saqueos de tiendas en los Campos Elíseos.
La central telefónica de los Bomberos quedó colapsada por el volumen de llamadas, y se conminó a los ciudadanos a no marcar el número de emergencias si no era estrictamente necesario.
Por su parte la líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, se ha dirigido a los medios de forma contundente y muy crítica con el Gobierno al que ha acusado de laxitud, tachando de matones a los provocadores y prometiendo la restauración del orden en cuanto lleguen al poder.


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