Con este título de una canción del grupo español de los años 80 Los Nikis, podemos definir la situación que se está generando en Países Bajos. Una Nación contagiada por ese moderno virus que está corrompiendo a toda Europa.
Las elecciones parlamentarias neerlandesas están muy reñidas, con los liberales proeuropeos liderados por Rob Jetten, jefe del partido D66, aparentemente a la cabeza. Mientras continuaba el recuento de votos, el partido del político de 38 años había obtenido 27 escaños frente a los 25 del partido de extrema derecha de Geert Wilders.
Sin embargo, durante la noche, el partido del líder de 62 años redujo la diferencia, y ahora ambos partidos cuentan con 26 escaños cada uno. En segundo lugar, se sitúan los liberales de derecha del VVD, liderados por Dilan Yesilgoz.
La coalición Laborista-Verde, encabezada por Timmermans, quedó en cuarto lugar, tras su dimisión después de este revés de 20 escaños admitió: No convencí a suficientes votantes neerlandeses. Los Demócratas Cristianos cierran la lista con 19 escaños.
Trece millones de votantes neerlandeses están habilitados para votar en las elecciones a la cámara baja del Parlamento, y la participación ha disminuido ligeramente. El propio Wilders declaró que, Los votantes se han pronunciado. Esperábamos un resultado diferente. Estamos más decididos que nunca y seguimos siendo el segundo partido, si no el primero, en los Países Bajos.
En los Países Bajos, al igual que en Francia y Alemania, reina el caos democrático, todos se oponen a los partidos soberanistas y, ante la ausencia de una plataforma política bien estructurada, lo importante es bloquear y truncar de raíz cualquier esperanza de recuperar siquiera un mínimo de soberanía, incluso a costa de la ingobernabilidad.
Los Países Bajos, un auténtico paraíso fiscal a la altura de Luxemburgo, que permite la libre venta de estupefacientes, es otro símbolo del fracaso del multiculturalismo. Un tercio de los parlamentarios se sienten amenazados por la Mocromafia, la mafia de origen marroquí que ahora controla los países del Benelux (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo) y que amenazó personalmente a la hija de la familia real neerlandesa, enviada a estudiar a Madrid.
El islamismo radical y el crimen organizado han formado una alianza exitosa, replicando el fenómeno francés e inglés de suburbios que escapan al control estatal, con una sociedad paralela que compite con el gobierno. Los partidos proeuropeos y proinmigración son los principales responsables de esta situación.
Desde la creación del Partido Agrario contra las incoherentes reformas energéticas que amenazaban con destruir el sector agrícola, hasta los disturbios de los holandeses contra la violación de mujeres inmigrantes, un viento de cambio aviva un fuego social latente.


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