La captura de Nicolás Maduro Moros, acaecida el 3 de enero, significó, entre otras dimensiones, un mensaje inconfundible a gran parte del liderazgo de los países de segundo orden.
Este mensaje tenía una advertencia muy clara: el operativo contra Maduro puede replicarse contra otros líderes y estados nacionales cada vez que Donald Trump y sus Chicos del Americanismo de los Milagros deseen activarlo.
Durante las primeras horas inmediatas a la captura del exmandatario venezolano, este mensaje fue entendido y hasta analizado por círculos de tales países y, desde luego, la unanimidad fue clara.
Debían evitar que la Casa Blanca repitiera dicho mecanismo y se deberían tomar medidas adicionales para ello y, particularmente, para proteger a los jefes de estado que hoy se encuentran inmersos en los grandes asuntos del orden internacional.
En Turquía, esta acción estadounidense fue examinada minuciosamente y hubo solicitudes no formales, que fueron generadas por el bando opositor a Recep Tayyip Erdoğan y al oficialista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), para que Trump o el “americano de poder” hiciera lo mismo con Erdogan.
Pero también esta demanda se vio en algunos ámbitos israelíes y, sin duda, que los analistas del proyecto de Erdogan la tomaron muy en cuenta.
Para los turcos que compiten o rivalizan con la actual geoestrategia de Israel, no hay una garantía absoluta de que la presión israelí sobre Washington y la prioridad que el poder estadounidense le otorga a la agenda israelí, un día, no se dirija contra Erdogan en una renovación del escenario Maduro.
Conviene resaltar que el presidente turco, en el intento de golpe de estado, que fue promovido por los Estados Unidos, en julio de 2016, estuvo a poco de ser secuestrado por un comando de élite que se dirigió exclusivamente al complejo de descanso donde se encontraba Erdogan.
No cabe duda de que Trump y Erdogan, en estos días, se llevan bien y comparten intereses en algunas agendas. No obstante ello, ciertos términos de esa relación podrían cambiarse y lo inimaginable podría suceder.
Recientemente, en Davos, Erdogan sostuvo que Turquía será un polo en el emergente orden mundial. Está claro que esa idea contradice los postulados finales de los poderes de Trump, del Estado Profundo y del “Gran Israel”.
Pero cuando Trump y Erdogan ya no estén influyendo en las jefaturas políticas máximas de sus respectivos estados, ¿Sus reemplazantes cumplirán el acuerdo de ambos?
Ahora mismo, hay una percepción generalizada de que todos los planes, acuerdos y similares compromisos se cumplirán automática e indefectiblemente en los próximos 15 años, sin escrutar, por parte de quienes tienen esa percepción, si realmente esos planes y compromisos son más coyunturales que estructurales en cuanto a la Historia que viene y que, por lo consiguiente, un número significativo de tales planes y componendas puede ser barrido mucho antes de lo que la mayoría de la gente pueda imaginarse.
Regresando el eje de este artículo: el Método Trump, aplicado contra Maduro Moros, levantó prevenciones en determinados liderazgos que no quieren tener la misma suerte que el venezolano.
Se comenta que eso también fue parte de los diálogos de enero entre figuras de Ankara, Teherán, El Cairo, Riad y Doha.


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