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¿Qué nos depara la estrategia cibernética de Trump para 2026?

5–7 minutos

Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos al español un artículo del genial analista geopolítico Leonid Savin, que pone el foco en la cuestión cibernética:

La doctrina neoconservadora de «quien no está con nosotros, está contra nosotros» aplicada a la Internet global

En marzo se publicó la nueva estrategia cibernética nacional de EE. UU. Y en la portada, el título reza: «Estrategia cibernética de Donald Trump para América». Dudoso que el presidente de EE. UU. tenga la competencia necesaria para comprender toda la complejidad de la infraestructura cibernética crítica del mundo; además, con la agresión desatada contra Irán, ha demostrado su debilidad.

Este documento no ha hecho más que poner de manifiesto, una vez más, el complejo de narcisismo patológico del actual mandatario estadounidense. Y también sus planes expansionistas, ya que se afirma que el poder de EE. UU. se impondrá en el ciberespacio. Antes se le llamaba la última frontera, que hay que conquistar y poner en orden. Y parece que Trump ha decidido asumir esta misión.

«El ciberespacio nació en Estados Unidos», reza el inicio del documento, que con un total de cinco páginas parece insinuar que EE. UU. tiene pleno derecho a dominar esta zona virtual específica y a establecer allí sus propias reglas.

Se afirma que «a diferencia de otras administraciones, la administración Trump no se limitará a aplicar medidas parciales y estrategias ambiguas que ignoren el número creciente y la gravedad de las ciberamenazas. El presidente Trump seguirá luchando directamente contra las amenazas en el ciberespacio. Estados Unidos cuenta con innovaciones tecnológicas y económicas sin igual, un poderío militar sin igual y una sociedad comprometida con la libre y abierta expresión».

A continuación se habla de los ciberdelincuentes que causan daños a la economía (aunque no lo hacen solo en EE. UU.) y se promete luchar contra ellos.

Al mismo tiempo, estos supuestos delincuentes están claramente politizados, pues inmediatamente se afirma que las acciones de EE. UU. no solo tienen como objetivo localizar y bloquear el dinero sustraído a los ciudadanos estadounidenses, sino que también se lleva a cabo «una operación para destruir la infraestructura nuclear de Irán o dejar a nuestros adversarios ciegos y desorientados durante una impecable operación militar para llevar ante la justicia al narcoterrorista internacional Nicolás Maduro».

El reconocimiento del uso de herramientas cibernéticas en la operación para capturar al presidente democráticamente elegido de Venezuela y en la agresión contra Irán, que aún continúa, es una señal clara para otros Estados, especialmente para los adversarios señalados y aquellos que figuran en la lista de amenazas para EE. UU. (y Rusia lleva allí casi 20 años). Aunque anteriormente los mandos del Comando Cibernético de EE. UU. ya habían reconocido que habían llevado a cabo en repetidas ocasiones operaciones de vanguardia contra Rusia, entre otras cosas ayudando a Ucrania.

A continuación se afirma algo que encaja en el oxímoron «defensa preventiva», conocido desde la ocupación de Irak en 2003:

atacar con el pretexto de que se hace en nombre de la defensa: «Nuestra determinación es absoluta. Actuaremos con rapidez, de forma meditada y con antelación para neutralizar las amenazas cibernéticas contra Estados Unidos. No limitaremos nuestras acciones al ámbito «cibernético». Realizaremos esfuerzos sin precedentes, actuando de forma coordinada y coherente en el marco del Gobierno de Estados Unidos.

Trabajando con aliados de todo el mundo, defenderemos los intereses y la seguridad de EE. UU. Lucharemos contra la restricción de la libertad de expresión. Derrotaremos a los adversarios que venden inteligencia artificial «barata» y tecnologías digitales que llevan incorporadas la censura, la vigilancia y el sesgo ideológico… Nuestros adversarios han sentido y sentirán cada vez más las consecuencias de sus actos; desmantelaremos redes, perseguiremos a hackers y espías y sancionaremos a las empresas de piratería informática extranjeras ilegales.

Desenmascararemos y pondremos en evidencia el espionaje en línea, la propaganda destructiva y las operaciones de influencia, así como las actividades de subversión cultural. Al frustrar las campañas cibernéticas de nuestros adversarios y hacer que nuestras redes sean más seguras y resilientes, impulsaremos la innovación, aceleraremos el crecimiento económico y aseguraremos el dominio de la tecnología estadounidense.

Eliminaremos las regulaciones onerosas e ineficaces para que nuestros socios del sector puedan innovar rápidamente en nuevas tecnologías. Los socios del sector privado deben ser capaces de reaccionar y recuperarse rápidamente para garantizar la continuidad de la economía estadounidense. Protegeremos nuestros sistemas federales, nuestra infraestructura crítica y nuestras cadenas de suministro, situando la seguridad en el centro de la innovación. Modernizaremos nuestros sistemas de información para que la infraestructura obsoleta no obstaculice la innovación.

«Colaboraremos a nivel internacional mediante la diplomacia, el comercio y las operaciones para que las normas y estándares reflejen nuestros valores. Aprovecharemos el enorme talento y la inventiva de nuestra base investigadora en el sector privado. Estableceremos un nuevo nivel de relación entre los sectores público y privado para proteger a Estados Unidos en tiempos de paz y de guerra».

Detrás de este conjunto de frases grandilocuentes se esconde claramente el banal deseo de impedir la competencia leal, pues cualquier producto alternativo en el ámbito de las TI será declarado como una intriga enemiga, contra la que se comenzará a luchar inmediatamente con todos los medios posibles (es decir, mediante una guerra híbrida, incluyendo medios cinéticos de destrucción). Y otra mentira más, ya que fue precisamente en EE. UU. donde se desarrollaron y se siguen desarrollando mecanismos de censura en el espacio de Internet.

El plan de acción consta de seis puntos. Cuatro de ellos están relacionados con el desarrollo de la fabricación de alta precisión y las inversiones en EE. UU. destinadas al desarrollo de infraestructuras críticas. El quinto se dedica a la cadena de suministro y a la implantación de las herramientas más novedosas, como la inteligencia artificial y la criptografía poscuántica.

También se habla de la implantación de inteligencia artificial de agente para escanear la red y del uso de la ciberdiplomacia, es decir, de imponer a otros países y pueblos software fabricado en EE. UU. Por supuesto, en nombre de la democracia y la prosperidad globales. Y si se niegan, serán incluidos en la lista de adversarios con las consecuencias correspondientes.

El sexto punto trata sobre los recursos humanos y el desarrollo del talento, con el fin de «combinar y aprovechar las ventajas de las oportunidades existentes en los círculos académicos, los centros de formación profesional y técnica, empresas y oportunidades de capital riesgo, para formar y reciclar a nuestro personal actual en materia de ciberseguridad en diversos sectores y profesiones, así como para atraer a la próxima generación hacia el desarrollo y la implementación de tecnologías y soluciones cibernéticas de vanguardia». Esto se refiere a la industria, los científicos, el gobierno y las fuerzas armadas.

En principio, la estrategia no revela ningún horizonte nuevo ni fantástico. Solo confirma el carácter agresivo de la política de EE. UU. y la intención de establecer una vigilancia total y un monopolio en el ciberespacio.


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