Serias discrepancias en el seno de la Unión Europea, aunque Macrón ha conseguido lo que quería. Llevaba mucho tiempo el francés intentando presentarse como una especie de Presidente de los Estados Unidos de Europa, y así es como ha llegado a la Casa Blanca, eso sí, y tal y como se lo ha recordado Meloni, sin que nadie se lo haya pedido.
Macrón ni siquiera tiene el apoyo de los ciudadanos franceses, como ha quedado demostrado en todas y cada una de las citas electorales, así como las contestaciones sociales que tienen sus políticas.
La llegada de Trump y el anuncio de que el Pentágono no va a enviar más ayuda a Ucrania han propiciado que Macrón salga a la palestra celebrando, en primer lugar, una cumbre antidemocrática, citando sólo a los que él considera oportunos, y en segundo lugar insinuando que va a enviar tropas francesas a Ucrania.
Está claro que Macrón pretende aprovechar la destrucción alemana para presentarse como el integrador de la Unión Europea, algo que sólo un loco plantearía en este momento.
Los británicos, por su parte, también se postulan para recuperar el timón, que realmente nunca abandonaron en Europa, sus servicios secretos continúan realizando operaciones encubiertas en el viejo continente y señalando periodistas incómodos en sus ya conocidas listas negras.
Macrón y Starmer dicen ahora que enviarán 30.000 soldados a Ucrania, que realmente no van a desarrollar una misión de paz, sino que van a vigilar los recursos y las infraestructuras para no quedarse fuera del reparto.
La OTAN ha perdido totalmente el rumbo, y lo que es aún peor, ha quedado descabezada. Sin la dirección de EEUU, y con el nuevo posicionamiento de Washington que exige el pago de las cuotas, la Organización del Atlántico Norte se acerca peligrosamente a su ocaso. Un ejército europeo no parece una solución plausible a corto plazo, máxime teniendo en cuenta las fuertes divergencias entre los socios.
El ciclo geopolítico iniciado en 1945 ha llegado a su final.


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