Cualquier estratega de mediano nivel sabe que, ante cualquier maniobra imprevista del oponente, lo mejor es esperar para ver qué dirección toman las cosas antes de adoptar cualquier decisión a la ligera, ya que, en esas circunstancias, esto puede suponer un error irreversible.
En un gesto de torpeza pocas veces antes visto por un líder político, el Presidente Pedro Sánchez ha resuelto hacer una visita a China, actual competidor de EEUU, lo que ha situado directamente a España como primero en la lista de potenciales oponentes a Washington.
Ni siquiera Macrón, Starmer o el Canciller Scholz, que han hecho gala de una férrea oposición a Trump han cometido semejante impericia, todos ellos han decidido aguardar, mientras Sánchez se ha lanzado el primero a la caldera de aceite hirviendo, arrastrando con él a todo el país.
China era de hecho un mercado abierto para las empresas españolas, y ya existían numerosos acuerdos bilaterales entre ambas naciones, con lo que Sánchez no viene a aportar nada nuevo, pero lo que sí ha conseguido es tensar aún más la situación con un EEUU que va a darnos con la puerta en las narices.
En resumen, no viene a sumar nada por un lado mientras resta por el otro. Al mismo tiempo, otros líderes más inteligentes han comenzado a negociar con la Administración Trump una posible disminución de los aranceles, así como una pausa en la aplicación de los mismos. De un plumazo, Sánchez acaba de destrozar a miles de empresas españolas con enormes cuotas de mercado en el país norteamericano.
El problema no es ya quien está al mando de la nave, sino quienes son sus asesores, que están demostrando una total ineptitud.
Para colmo, tras abandonar China, Pedro Sánchez ha tomado rumbo hacia Vietnam, donde ha sido recibido por el Gobierno al cual ha acompañado en un homenaje al dictador y genocida Ho Chi Minh, responsable directo del asesinato de 2 millones de camboyanos, más de 2 millones de vietnamitas y cerca de 300.000 laosianos en nombre de la revolución comunista, en la cual se ordenaba el fusilamiento por el simple hecho de llevar gafas al ser considerada esa persona un burgués intelectual, literalmente.
Mientras en España, Sánchez ha emprendido una cruzada contra el General Franco, que nos salvó de sufrir una revolución de análogas consecuencias. De locos.


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