En una publicación del Instituto Network Contagion Research Institute se recogen alarmantes datos que ponen en evidencia la convivencia pacífica en EEUU. Según este estudio, desde que se produjo el atentado contra Trump en pleno proceso electoral, se han incrementado las opiniones que justifican los asesinatos políticos o incluso los justifican.
La disculpa de la violencia política se está disparando hasta niveles jamás antes vistos en el país norteamericano, que siempre ha presumido de democracia y de respetar todas las opiniones.
Se está llegando al punto de justificar cualquier ataque contra el Presidente Trump o contra Elon Musk, que últimamente ha sufrido numerosos atentados incendiarios a sus vehículos Tesla, algunos de ellos estando ya en manos de los propietarios privados de los mismos.
Esta propensión a la violencia política se agudiza especialmente entre los partidarios de los demócratas, de los cuales el 55% justifican el asesinato del Presidente Trump, y el 48% el de Elon Musk.
Las redes sociales han sido también objeto de este análisis, y las conclusiones han sido igual de contundentes; en la aplicación BlueSky, a la que se pasaron en masa un gran número de simpatizantes de izquierda, es donde se puede encontrar el mayor número de llamamientos a la violencia, o respaldo a la misma.
La investigación finaliza alertando de esta creciente escalada de la violencia, que se ve reflejada en atentados, como los ya llevados a cabo contra automóviles y concesionarios Tesla.
Convendría recordar lo ocurrido en Ruanda hace aproximadamente 30 años, cuando a través de las ondas radiofónicas, en la emisora Radio de las mil colinas, se hacía un llamamiento a la liquidación del enemigo político.
Fruto de ese envenenamiento a la sociedad, se produjo uno de los peores genocidios étnicos de la Historia, en el que los Hutus comenzaron a asesinar indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños de la etnia rival, los Tutsies, que vieron mermada su población en casi un millón de personas, asesinadas durante 3 meses a machetazos en todas las poblaciones ruandesas.
Cuando el odio comienza a extenderse como el fuego, este tipo de mensajes suelen convertirse en gasolina y el incendio se propaga con mucha velocidad hasta que ya nadie puede controlarlo.


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