Benjamín Netanyahu intensificó las negociaciones para neutralizar la disolución del gobierno, amenaza que ha tomado un inusitado impulso porque algunos sectores de los rabinos instan a la terminación de la coalición gubernamental al considerar que el liderazgo del primer ministro ya no puede gestionar los intereses de ellos y que, en realidad, sería una seudo-derecha.
Estás posiciones pueden causar una extrañeza -y de hecho, lo hacen- tanto en el público israelí como en el extranjero porque se tiene como una certeza inconfundible e invariante la filiación derechista de Netanyahu y sus socios en el poder.
Sin embargo, el Consejo de Sabios de la Torá del partido jasídico Agudath Israel expresó que, según su mirada,”ya no es apropiado formar parte de un gobierno que favorece la persecución del mundo de la Torá y la violación del consenso”.
Igual opinión tiene el partido Degel Hatorah que también integra el Judaísmo Unido de la Torá, presionando conjuntamente a la oficina de la presidencia y pugnando con los otros grupos sionistas y religiosos que apuntalan a Netanyahu.
La disolución de la Knéset también es buscada por la oposición liberal e izquierdista por motivos divergentes de los sustentados por las facciones cultoras y servidoras de la Torá.
En efecto, los partidos seculares que reclaman la primogenitura ideológica proveniente de los tiempos seminales del estado de Israel, se mueven para asediar al bibismo y derribar a quien fuera considerado, hace 3 décadas, en los salones de poder israelíes, como el “mejor judío para la nación”.
Para estos judeo-israelíes no religiosos, “Bibi” Netanyahu desearía prolongar indefinidamente su “reinado político”, cambiar enteramente el estado y la sociedad e inacabar los frentes de guerra externos en los que está inmersos Israel porque teme terminar en prisión.
En un reportaje reciente, dado a la nuera de Trump, Sara Netanyahu dijo que el “Estado Profundo” puso en marca un plan para derrotar a su esposo y, trazando un paralelismo, sentenció que Donald y Benjamín son objetivos del mismo enemigo que dominaba las estructuras de los Estados Unidos e Israel hasta que estos dos líderes decidieron desintegrar ese poder.
No hay día que pase sin que, en la profundidad de la sociedad de Israel, se hable de situaciones explosivas que le depararán al estado si continúa por la actual senda, sin resolver sus contradicciones y sin paralizar la operatividad de otros factores.
En el entretanto, Netanyahu aprecia impedir la caída de su mandato.


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