Los datos presentados por el propio organismo oficial gubernamental de estadística STATBEL son aplastantes, en la capital, Bruselas, y toda su región circundante, casi el 80% de la población es de origen extranjero. En los últimos 25 años el número de habitantes provenientes de África se ha multiplicado de manera exponencial.
Con respecto a la totalidad del país, según STATBEL, el 36% de los habitantes son de origen extranjero (datos de 2024), lo que supondría un incremento de un 16% desde 2004 cuando era de un 20%.
Lo realmente preocupante ocurre al visualizar ese mismo estudio estadístico para la región deBruselas Capital, en esta muestra el porcentaje sube hasta un inquietante 78%, lo que supone que únicamente el 22% de los que allí residen son belgas de procedencia no extranjera.
Estos números supondrían simples estadísticas de no ser porque estamos hablando del reemplazo poblacional de un país europeo, concretamente el que algunos citan como el epicentro de Europa, de hecho, la Eurocámara tiene allí su sede.
Esto viene a plantear serias preguntas al respecto de su identidad nacional, el elevado riesgo de estas políticas de inmigración sin control y el choque de civilizaciones, con la consecuencia de la ya ampliamente comentada sustitución poblacional.
Aunque esta población es principalmente africana, se empieza a notar un considerable incremento de movimientos migratorios de países como India, Paquistán o Afganistán.
Estos migrantes originarios de países con valores religiosos, sociales y culturales abiertamente distintos y opuestos a la civilización europea, llevan varias décadas dando la espalda a los numerosos intentos de integración realizados por los distintos Gobiernos, que ya directamente miran para otro lado y se niegan a reconocer el problema.
La sociedad belga está totalmente fragmentada, como ejemplo, en Bruselas casi el 90% de los jóvenes de menos de 20 años son de origen extranjero, con los consiguientes aumentos de la criminalidad que ya suponen un auténtico quebradero de cabeza para las fuerzas de orden.
En resumen, la población autóctona se ha convertido ya en minoría en la capital de su propio país. ¿Quién responderá por todo este desastre?


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