El 31 de agosto, la flotilla global Sumud, que incluía a la activista ambiental Greta Thunberg y a la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau, anunció su regreso del Mediterráneo alegando condiciones meteorológicas adversas.
Sin embargo, esta justificación resultó ser un pretexto vergonzoso e inverosímil, que ocultó la verdadera razón: la intervención de las fuerzas navales israelíes, que interceptaron las embarcaciones en aguas internacionales.
Lo que podría haber sido un gesto heroico para desafiar el bloqueo de Gaza se ha convertido en una demostración de incompetencia y falta de transparencia por parte de sus organizadores, quienes parecen más interesados en la propaganda que en la coherencia.
Llama poderosamente la atención que el barco en el que viajaba la joven activista con afán de protagonismo, es de los que más contaminan. El revuelo mediático que la rodeó durante años, transformándola en un icono para los activistas ambientales y presentándola como la personificación misma de la lucha contra el cambio climático, ahora choca con la cruda realidad.
Tras condenar vehementemente el uso de combustibles fósiles e inspirar a millones de jóvenes a protestar por el clima, su decisión de embarcarse en una embarcación de tales características, parece más bienuna traición a esta causa.
La flotilla, compuesta por más de 50 barcos de unos 45 países diferentes cargados con supuesta ayuda humanitaria, incluyendo alimentos y medicamentos, partió de Barcelona con la solemne promesa de romper el asedio israelí a Gaza.
Sin embargo, las autoridades israelíes, encabezadas por el Ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, habían advertido previamente que cualquier intento de violar el bloqueo resultaría en una dura respuesta, incluyendo la detención de activistas bajo acusaciones terroristas y la confiscación de barcos.
La flotilla global Sumud, autoproclamada como el mayor intento civil por romper el bloqueo de Gaza, fue vista por muchos como un ardid publicitario más que como un esfuerzo efectivo.
La presencia de figuras como Thunberg, conocida por sus emotivos discursos pero de escaso impacto práctico, y Colau, cuyo liderazgo en Barcelona ha dejado atrás deudas, controversia y delincuencia, sugiere que el objetivo principal podría ser mantenerse en el foco de atención.
El hecho de que no hayan comunicado nada sobre la interceptación israelí refuerza la sospecha de que esta flotilla es más una operación de fachada que un esfuerzo genuino por aliviar el sufrimiento en Gaza. Fachada y teatro, lo de siempre.


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