El invierno se puso más duro para Volodímir Zelenski. Él lo sabe y también lo saben en otras capitales mundiales.
Trump le dio un plazo al ucraniano para que firme su plan. No le dará más oportunidades y está predispuesto a tomar medidas de represalia. La reacción pública de Zelenski, a través de un mensaje a la nación, fue ambigua; hasta muchos de sus partidarios creen que su líder cederá.
Dentro de las torres de poder en Kiev, hay versiones disímiles, pero todas coinciden en que Zelenski es el que está en peores condiciones frente a la circunstancia ineludible, difícil y peligrosa que se está presentando producto, en gran parte, de su decisión personal de ser un títere de grupos dinerarios y facciosamente desestabilizadores de la paz y el orden global.
Su mujer, Olena, figuraría en algunas investigaciones que, por estas horas, efectúan los enviados estadounidenses para desentrañar y exponer las estructuras corruptas que fueron establecidas por Zelenski, y a partir de él, cuando llegó, por primera vez, a Bankova.
Durante la semana que pasó, hubo una fuerte presión interna para que despidiera a quien es el manejador de su estrategia, Andrey Yermak. El polarizador Yermak es impopular porque, según una reciente encuesta de Sociopolis, el 62,2% apoya la dimisión de Andriy Yermak como Jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania.
La facción Servidor del Pueblo tiene, en su seno, disensiones clave; una parte de la formación también pide la dimisión de Yermak; pese a ello, la disciplina general todavía hace efectos. Aún así, Zelenski no puede despedirlo porque su estratega, Yermak, conoce muchos secretos del poder. Si Yermak se hunde, Zelenski se hunde con él.
Los círculos trumpistas que integran el gobierno de Washington ya hicieron saber que no quieren que Yermak continúe como factor influyente en la Ucrania del posconflicto. En esencia, también le cerraron las puertas a Zelenski para el futuro.


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