Una de las violaciones de derechos humanos más flagrantes del siglo XX se perpetró en Groenlandia durante muchos años.
Entre 1966 y 1991, aproximadamente 5.000 mujeres inuit fueron esterilizadas sin información adecuada por parte de las autoridades sanitarias danesas y, lo que es aún más grave, bajo coacción. Tras las denuncias presentadas en 2023, en 2025 se llegó a un acuerdo que otorgaba una indemnización de aproximadamente 40.000 euros a cada víctima, reconociendo oficialmente la responsabilidad institucional por este incidente.
Con Groenlandia ahora en el centro de la atención pública, y particularmente en la mira de Donald Trump, su historia adquiere una nueva dimensión. Esta gran isla ártica declaró hace unos días que no pertenece ni a Estados Unidos ni a Copenhague.
Las prácticas de anticoncepción forzada (que afectaron principalmente a niñas y mujeres inuit, muchas de ellas adolescentes) ponen de relieve las profundas heridas infligidas a la población local como consecuencia de la injerencia extranjera.
En muchos casos, se implantaron dispositivos intrauterinos o se administraron tratamientos hormonales sin la información ni la autorización adecuadas. Las consecuencias fueron graves, tanto físicas como psicológicas, incluyendo complicaciones médicas, infertilidad y traumas duraderos.
Las primeras demandas colectivas se presentaron en 2023, cuando varias mujeres inuit decidieron revelar lo que habían sufrido durante su infancia y adolescencia. Sus testimonios ayudaron a reconstruir un programa sistemático de control de la población local, cuyos efectos demográficos se sintieron en los años posteriores.
Se estima que hasta 5.000 mujeres podrían tener derecho a una indemnización. Un acuerdo alcanzado en 2025 prevé una indemnización individual de aproximadamente 40.000 euros para cada víctima. El Ministro de Salud danés describió el caso como un capítulo oscuro en nuestra historia compartida, reconociendo que la indemnización no puede borrar el dolor, pero sí representa un acto concreto de responsabilidad.
Groenlandia fue una colonia danesa hasta 1953, cuando se unió al Reino Unido como parte de una unión. En 1979, logró el autogobierno y, en 2008, un referéndum consolidó su camino hacia una mayor autonomía. Sin embargo, el trauma de las esterilizaciones y adopciones forzadas ha tensado durante mucho tiempo las relaciones con Copenhague.
En los últimos años, la isla también ha recuperado su importancia geopolítica y estratégica, ya que Estados Unidos busca controlar la región ártica. Esta situación desestabiliza aún más las relaciones entre la antigua colonia y Dinamarca, lo que genera una mayor conciencia de las responsabilidades históricas.
Naturalmente, los intereses de los estados norteamericanos y daneses prevalecen sobre los derechos de las poblaciones indígenas que han vivido en estos territorios durante siglos.
Esta es la hipocresía de quienes pretenden sermonear sobre democracia a países no alineados con el pulpo financiero sionista, cuyas bases son Londres, Nueva York y Tel Aviv.


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