Le gustaba que lo llamen Svengali en su aspecto de genio manipulador. Solía ufanarse de ello ante los ojos y los oídos cercanos de quienes le rodeaban.
Pero así como Steve Bannon. quien también se autoimaginó un genio cósmico y, hoy, está en capa caída, Morgan James McSweeney exhibe lo que siempre fue: un ser humano que no tenía el control de las estructuras de poder y ni tan sólo fue un eslabón de algunas de ellas.
Estas afirmaciones, sustentadas en la realidad actual, habrían sido ridiculizadas, en el 2024 y 2025, cuando, por entonces, muchos de los expertos de la política inglesa aseguraban que McSweeney alcanzaría los picos máximos históricos de personajes influyentes que cambiaron el curso de la política británica.
Es una pena que Chesterton no esté viviendo estos tiempos porque gozaría de tantas predicciones y explicaciones de pretensos sesudos.
McSweeney aprendió muchos de sus conceptos y experiencias en el kibutz de Sarid, que está emplazado en el valle de Jezreel, al norte de Israel, y, desde esa época, mantuvo ligazones con el Movimiento Hashomer Hatzair, que es la organización juvenil sionista más antigua.
Este agrupamiento está extendido, actualmente, en 27 países, incluyendo Ucrania. Precisamente, de Ucrania (Galitzia) salió el contingente de judíos que fundaron, en 1920, la primera comuna, en Israel, Beitaniya Illit en la Baja Galilea.
La idea de la creación del Hombre Nuevo de Hashomer Hatzair impregnó el intelecto y el espíritu de McSweeney y le convenció de su postulado existencial, acercándose al amigo personal del delincuente sexual Jeffrey Epstein, Peter Maldelson, y al blairismo del Nuevo Laborismo, afiliándose al partido en 1997, con 20 años.
Las fuentes creíbles aseveran que Mandelson, el barón que ahora está expulsado del centro político inglés, fue la figura que catapultó a McSweeney a posiciones relevantes hasta conseguir influir sobre la arquitectura política y el cerebro individual del flojo Keir Starmer.
Mandelson, un hombre del establishment británico, y quien siente orgullo cuando le llaman Príncipe de las Tinieblas, lo fichó para que trabajara en la base de datos Excalibur, mediante la cual, se disciplinaba a dirigentes del partido laborista con materiales personales y familiares comprometedores y se amenazaba, igualmente, a opositores del partido.
En un artículo del 2002, la BBC informó que Excalibur rivalizaba con el MI5 en la información que tenía sobre cualquiera, amigo o enemigo y, entre los objetivos de los responsables de ese sistema, estaba el de dominar el mundo.
Inteligiblemente, los miembros de Excalibur pudieron haber recibido entrenamiento e instrucciones en métodos de alguna agencia de inteligencia extranjera para que llevaran a cabo su misión.
El nombramiento de Mandelson como embajador ante Washington, le fue impuesto a Keir Starmer por McSweeney puesto que el alumno -Morgan- no podía desobedecer a su mentor- Peter- y le obligó a Starmer a rechazar los informes negativos que le llegaron de la relación entre Peter Mandelson y Jeffrey Epstein.
Las investigaciones judiciales en curso indican que Mandelson era un socio de Epstein en algunas áreas, inclusive en el tráfico de información privilegiada y habría más de 90 mil piezas dentro del proceso investigativo inglés que se desarrolla contra Mandelson.
Dadas las circunstancias, Starmer, hundido, lo sacó de escena a McSweeney para intentar permanecer en el poder político.
McSweeney, lejos de la verdad, y fuera de cualquier realidad, soñó con el dominio pleno en el Número 10 (Downing Street), pensando que reestructuraría el sistema donde él sería un eje del futuro. No pensó, ni por un segundo, que así como ascendió, sería bajado de un plumazo.
Así terminan los Bannon, los McSweeney y otros de la misma condición.


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