Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos un artículo de Guancha desde The China Academy, cuyo foco está en la economía de China.
A medida que aumentan las presiones externas y se intensifica la transformación interna, China busca un nuevo equilibrio entre la fortaleza de sus exportaciones, la apertura económica y el crecimiento global compartido.
Al inicio de la guerra comercial durante el primer mandato de Trump, a muchas personas les preocupaba que la guerra comercial y la guerra arancelaria interrumpieran el impulso de desarrollo de China. Pero el año pasado, tras atravesar un conflicto comercial sin precedentes, el superávit comercial de China para todo el año 2025 alcanzó los 1,189 billones de dólares estadounidenses, estableciendo un nuevo récord mundial. ¿Qué cree que significa ese superávit comercial para China y para el mundo? ¿Y qué significa para la futura competencia entre China y Estados Unidos?
Zhang Yansheng: Efectivamente, desde la primera visita de Trump a China en noviembre de 2017 hasta ahora, China ha logrado avances enormes y ha obtenido resultados extraordinarios, no solo en materia de comercio y economía, tecnología, industria, finanzas y el ámbito militar, sino también en grandes reformas, apertura independiente y gobernanza global en todos los aspectos. China no solo ha logrado ventajas abrumadoras en las «tres nuevas» industrias, como los módulos fotovoltaicos, las baterías de litio y los vehículos de nueva energía; también ha ido forjando gradualmente ventajas competitivas internacionales totalmente nuevas en campos como los chips y la microelectrónica, la información cuántica, la inteligencia artificial, la biomedicina y las nuevas energías.
En la actualidad, la cuota de las exportaciones chinas correspondiente a los productos electromecánicos ha alcanzado por primera vez el 63 %, y la estructura de las exportaciones ha experimentado una clara transformación. En el pasado, China exportaba principalmente bienes de consumo tradicionales, como textiles y prendas de vestir, equipaje, calzado y sombreros, y juguetes. Se ha ido orientando cada vez más hacia la exportación de productos de alta tecnología, productos ecológicos y productos digitales. Desde esta perspectiva, el resultado de la guerra comercial entre China y EE. UU. ha sido completamente diferente de las predicciones occidentales previas. No interrumpió el rápido impulso de desarrollo de China, ni obstaculizó el desarrollo del comercio y la inversión, la tecnología y la industria, el círculo de socios y la influencia de China. Los hechos han demostrado que la economía y el comercio de China se han fortalecido a través de la guerra comercial.
Partiendo de esto, también podemos formarnos una visión básica del futuro de la competencia entre China y Estados Unidos: ninguna de las dos grandes potencias puede derrotar a la otra. China no puede derrotar por completo a Estados Unidos en el comercio, la industria, la tecnología, las finanzas y otras áreas, y Estados Unidos tampoco puede derrotar a China en estas áreas. Por lo tanto, la esencia de la competencia entre ambas partes es una contienda sobre la capacidad de cada país para volverse hacia sí mismo y resolver sus propias contradicciones y problemas internos.
Durante los últimos nueve años, China ha dedicado enormes esfuerzos al desarrollo de alta calidad, a las nuevas fuerzas productivas, a la transformación y el desarrollo de la modernización china, a la implementación de aplicaciones de inteligencia artificial, a la transformación y mejora de las estructuras comerciales e industriales, y a la transición de los antiguos a los nuevos motores de crecimiento, logrando resultados de desarrollo sumamente significativos.
Entonces, ¿cómo debemos interpretar el superávit comercial de 1,2 billones de dólares del año pasado? La nación china es una civilización antigua que posee resiliencia en el desarrollo, paciencia histórica y serenidad estratégica, al tiempo que mantiene un sólido pensamiento orientado a los resultados y un agudo sentido de la vigilancia. Desde la perspectiva del pensamiento orientado a los resultados y la vigilancia, detrás de este superávit de 1,2 billones de dólares, puedo percibir claramente que los riesgos y los desafíos están aumentando de manera significativa.
Dado que China es un país con una enorme población, la primera implicación de la modernización china puede ampliarse para significar la modernización en un país con una enorme población, una enorme escala económica y un enorme grado de apertura. La cuestión clave es cómo gestionar adecuadamente la relación entre el propio país y el mundo. La respuesta estratégica de China consiste en construir un nuevo paradigma de desarrollo, que contiene tres elementos fundamentales:
En primer lugar, fortalecer la circulación económica interna, ampliar el mercado interno, mejorar los mecanismos de incentivo, potenciar los motores de crecimiento endógenos y aumentar continuamente la eficiencia de los insumos y la producción. El objetivo es aplicar la estrategia de expansión de la demanda interna. Aprovechando su enorme población, China pretende asentar el desarrollo en la demanda interna y el mercado interno. Se trata de una piedra angular estratégica fundamental para el desarrollo de China. Esto implica inevitablemente que China asuma el liderazgo a la hora de superar las dificultades que plantea la transformación del modelo de producción de Asia Oriental. Construir una nación basada en la demanda interna no es meramente una cuestión de equilibrar la oferta y la demanda agregadas, el ahorro y la inversión, o las importaciones y las exportaciones; es una cuestión general, estratégica y con visión de futuro de gran importancia relativa a cómo China gestiona su relación con el mundo.
En segundo lugar, optimizar la doble circulación entre los ámbitos nacional e internacional. En un contexto de desglobalización, intensificación de los conflictos geopolíticos y escalada de la competencia entre las grandes potencias, ¿cómo debería optimizarse el modelo de desarrollo de doble circulación? ¿Debemos seguir promoviendo una globalización de arriba abajo basada en normas multilaterales, o impulsar una globalización de abajo arriba basada en la inclusividad y los beneficios compartidos? ¿Debemos seguir promoviendo una red de cadenas de suministro global basada en la especialización internacional, la interdependencia, la conectividad y la cooperación abierta, o bien promover redes de cadenas de suministro localizadas, regionalizadas y descentralizadas basadas en la autosuficiencia y la reducción de riesgos? ¿Debemos seguir promoviendo una estrategia económica exterior orientada a la exportación, o bien promover una estrategia económica abierta que integre el comercio interior y exterior, integre el comercio y la inversión, e integre la «entrada» con la «salida»? Esta es una cuestión muy importante a la que se enfrenta China.
En tercer lugar, cultivar nuevas ventajas para participar en la competencia y la cooperación internacionales en las nuevas circunstancias. Los antiguos decían: «Un caballero ama la riqueza, pero la adquiere de la manera adecuada». El «camino» de la modernización china requiere explorar un modelo de modernización adecuado para un país con una enorme población, una enorme escala económica y una enorme apertura. China no puede adoptar enfoques del tipo «el ganador se lo lleva todo», políticas de empobrecimiento del vecino ni intimidación hegemónica. En su lugar, debe explorar un nuevo modelo de desarrollo en el que «todos compartan la mesa», donde los asuntos se debatan, construyan y compartan conjuntamente, y donde se construyan comunidades de intereses, responsabilidades y destino compartidos. Es necesario establecer mecanismos de coordinación interna, mecanismos de coordinación de las exportaciones y mecanismos de coordinación de la expansión en el extranjero que hagan posible un desarrollo armonioso entre China y el mundo, creando así un nuevo patrón en el que la cooperación con China conduzca al beneficio mutuo, a resultados beneficiosos para todas las partes y al desarrollo común.
En la actualidad, la ASEAN se ha convertido en el mayor socio comercial de China, y el crecimiento del comercio bilateral ha sido impresionante, pero bajo la cooperación se esconden riesgos ocultos. Hoy en día, cuando Estados Unidos firma acuerdos comerciales con la ASEAN y otros países, suele incluir cláusulas de protección cuyo objetivo principal es la «des-chinesización». En tales circunstancias, por un lado, China debe seguir optimizando el modelo de desarrollo de doble circulación y estabilizar la cooperación comercial y de inversión con la ASEAN; por otro lado, debe evitar los riesgos y desafíos que plantea la geopolítica. Un enfoque consiste en adoptar una estrategia de internacionalización ascendente, con las empresas como protagonistas y el mercado como motor, basándose en la cooperación local y el empoderamiento tecnológico para profundizar y ampliar la integración económica regional entre China y la ASEAN. Al mismo tiempo, China puede promover la localización, la regionalización y la descentralización de la cooperación de doble circulación con el fin de lograr la desgeopolitización.
Además, este superávit de 1,2 billones de dólares se refiere únicamente al superávit comercial de bienes; China sigue registrando un gran déficit en el comercio de servicios.
En una ocasión me pregunté: ¿es necesario que el comercio de servicios genere también un enorme superávit? Si tanto el comercio de bienes como el de servicios generaran enormes superávits dobles, la relación de China con el mundo se volvería más tensa en lugar de más armoniosa. Las importaciones implican compartir los beneficios del mercado interno con otros países, lo que refuerza la interdependencia, mientras que las exportaciones ocupan cuota de mercado en otros países, lo que puede desencadenar fricciones y conflictos comerciales. Esto es especialmente cierto en el caso de las grandes potencias. Cuanto mayor es la escala de las importaciones, más oportunidades hay de compartir los beneficios del mercado con otros países, y más fácil resulta construir comunidades de intereses, responsabilidades y destino compartidos.
Por el contrario, si los superávits en el comercio de bienes y servicios continúan aumentando, China podría ser fácilmente vista por sus socios comerciales como una amenaza competitiva. Otros países podrían temer que su propio espacio de desarrollo se vea reducido, lo que desencadenaría proteccionismo comercial, un sentimiento antiglobalización y conflictos arraigados en la percepción de China como una amenaza. Por lo tanto, al seguir el camino de la modernización china, debe respetarse un principio: las grandes potencias no pueden adoptar enfoques del tipo «el ganador se lo lleva todo», políticas de empobrecimiento del vecino ni intimidación hegemónica. En su lugar, deben adherirse a la apertura, el intercambio, el beneficio mutuo y los resultados beneficiosos para todas las partes, garantizando que «todos compartan la mesa» y practicando la consulta, la construcción conjunta y los beneficios compartidos. Ya sea a nivel de las empresas, los gobiernos locales, el Estado, las cámaras de industria o los departamentos de supervisión, el comercio exterior debe servir de nexo a través del cual se construyan comunidades de intereses, responsabilidades y destino compartidos.
De cara al futuro, el núcleo de la competencia económica y comercial entre China y Estados Unidos es, en esencia, una contienda sobre quién puede ser más abierto, solidario e inclusivo, y de quién es el círculo de amigos más amplio, más abierto y más acogedor. En la actualidad, Estados Unidos está aplicando una política de «aranceles recíprocos», que consta principalmente de tres partes. La primera parte es un arancel básico adicional uniforme del 10 % impuesto a todos los países y regiones. La lógica subyacente es la creencia de que todos los países del mundo se han beneficiado al aprovecharse de la apertura del mercado estadounidense y, por lo tanto, deben pagar una compensación a través de aranceles. Pero esta forma de pensar sobre el desarrollo es completamente contraria a la filosofía de civilización que defiende China.
En resumen, este superávit comercial de 1,2 billones de dólares estadounidenses envía señales de alerta sobre los riesgos y retos para la siguiente etapa de la estrategia de comercio exterior, los incentivos políticos y el modelo de desarrollo de China. Esto significa que, en el futuro, China deberá cumplir los requisitos intrínsecos de la vía china hacia la modernización, defender los objetivos y principios del desarrollo de alta calidad —innovación, coordinación, desarrollo verde, apertura y reparto— y ajustar su estrategia de comercio exterior, los mecanismos de incentivos políticos y el modelo general de competencia internacional.


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