La extraña conexión entre la izquierda y el Islam

2–3 minutos

Todos los frustrados del planeta Tierra siempre encuentran excusas para no seguir las normas que dicta el sentido común y la lógica, y se atan a extrañas utopías que siempre terminan en desastre, una sociedad de hombres libres e iguales en la cual un ingeniero cobra lo mismo que un peón de albañil, un paraíso en el que esperan 40 vírgenes o una Patria vasca en la cual crecerán billetes de los árboles al liberarse del yugo español son algunos ejemplos de esta sinrazón.

Extraña resulta esta nueva alianza, resultante del fracaso de muchas vidas, que ha convergido últimamente entre el Profeta Mahoma y Karl Marx. Y es que la izquierda moderna ha abrazado un credo que acabará devorándola, de la misma forma que las feministas radicales se muestran favorables al velo y abogan por los derechos, no ya de las mujeres musulmanas, que sería lo lógico, sino por la imposición de religión islámica.

Basta con echar un vistazo a algunas de las performances y pancartas que se han visto en la última marcha de las mujeres del pasado 8 de marzo, para comprender que estas propuestas son la avanzadilla de una corriente que empieza a extenderse por todo Occidente, y que asienta sus bases sobre peligrosos componentes:

el fomento de la inmigración ilegal sin ningún tipo de control, con preferencia islámica, con el fin de socavar los valores tradicionales españoles y europeos; la nefasta ideología de género, que busca destruir la institución de la familia tradicional; y el manejo torticero de las minorías cuya meta es hacerles creer que están oprimidos.

Así pues, como resultado de esta malévola ecuación, todas las personas con vidas frustradas se han alineado a la izquierda del espectro político, y lo que buscan es nuestra destrucción para llegar a ese mundo ideal e utópico que sólo existe en sus pervertidas mentes.

Estos extraños postulados de los débiles, los que sienten opresión, los parias de la tierra, y toda esa basura que utilizan los movimientos de izquierdas, son los que ahora sustituyen el vacío político generado tras la desaparición de la antigua URSS.

Pontificada esa sinergia entre Marx y Mahoma, de paso bendecida por las élites progresistas a nivel global, y financiada por todo Occidente, unido al desdén de los que tendrían que plantar cara, pone ante nuestros ojos un aterrador futuro.


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