Parece que hay interesados puntuales en precipitar una ruptura de las relaciones diplomáticas entre el gobierno presidido por Donald Trump y el gobierno conducido por Gustavo Petro.
El primero es una figura anticomunista mundialmente conocidísima y el otro es un líder izquierdista que crece en el ámbito internacional y, presuntamente, ninguno quiere enemistarse con el otro.
Ambos jefes de Estado dirigen países cuyas estructuras de poder han estado vinculadas casi indisociablemente en lo que va del último cuarto de siglo.
Cuando, por ejemplo, en el año 2000, se miraba el cono sur y se indagaba sobre el país más pro-estadounidense era inevitable esquivar la mirada sobre Colombia. Todos los ojos se ponían sobre Colombia para contemplar una especie de filial de la OTAN y, por extensión, de Israel.
Pero evidentemente se fueron produciendo cambios, imperceptibles, en un comienzo, y perceptibles parcialmente, en la fase posterior, que debilitaron y fracturaron algunos nexos.
No está en la intención del autor sumergirse indebidamente en los asuntos domésticos de Colombia, sino que pretende señalar que hay facciones influyentes y carteles de poder que compiten por el dominio en ese país sudamericano y que, buscado intencionalmente o no, hay cambios en la superficie y debajo de ella también.
¿Podría Colombia, en su dimensión general, haber empezado un giro estratégico en términos geopolíticos aún impensado por Petro?
Sí.
¿Puede Colombia, en el futuro inmediato, estancarse o someterse a otro proceso fratricida para beneficios de agendas externas?
Sí.
¿Podrá acontecer en Colombia la irrupción de proyectos políticos repentinos e inesperados?
Sí.
Muchas posibilidades están abiertas y las opciones son diversas.
De igual modo, destacamos que se pudo haber evitado el incremento de la tensión diplomática entre Washington y Bogotá, pero algunos influyentes, entre bambalinas, echaron más combustible para encender una hoguera.
No es recomendable que Trump y Petro entren en una “guerra” que a ninguno le convendrá ni es correcto que estos lideratos no hablen entre sí de una manera directa y franca.
La crisis, como dijimos, se debió evitar y la madurez política debe prevalecer.
Esperamos que, próximamente, se escuchen Trump y Petro.


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