En un hecho trágico que constituye un terremoto político, un grupo armado asesinó a Saif al-Islam Gadafi, penetrando en su residencia, ubicada en la ciudad de Zintan, al noroeste de Libia, el martes 3 de febrero.
Conforme a los datos disponibles, el comando compuesto por cuatro sicarios acabó con la vida del hijo de Muammar Gaddafi, después de haber desactivado las cámaras de videovigilancia. El cuerpo médico forense determinó que Saif al-Islam murió por heridas de bala.
El círculo que lo acompaña informó que el sucesor de la Familia Gadafi había conseguir eludir varios intentos de asesinato y pasó seis años en prisión desde la caída del régimen de su padre y cuando salió, en 2017, trató de vivir con suma precaución, desbaratando varios complots de asesinatos en su contra.
Saif al-Islam, cuando Muamar gobernaba Libia, fue una de las raras y excepcionales mentes que, desde el palacio de poder, propiciaron reformas que darían un mayor sustento y futurabilidad a la gobernanza de su progenitor para mejorar las condiciones estructurales y sistémicas del país, pero su padre descartó las innovaciones indispensables que su hijo le presentaba.
Ciñéndose a los Comités Populares (que era, en la realidad, una falsedad), el líder Muammar terminó de la peor manera tanto como persona como gobernante a manos de la oposición armada que fue aupada por la coalición internacional unipolar.
Tal vez, si le hubiese prestado atención a Saif al-Islam, podría haber cambiado algo de la historia posterior, pero entre el padre e hijo hubo un choque cognitivo. Uno representaba lo caduco, mientras que el otro expresaba lo actualizado, pero arraigado en las tradiciones e identidades nacionales.
Con el crimen del heredero Gadafi, los clanes rivales y los actores del tutelaje internacional pueden evitar una nueva redistribución del poder, máxime cuando el estado libio es, honestamente hablando, una caricatura y los señores tribales y los injerencistas externos siguen sin darle una estabilidad y un rumbo firme al país.
Las presiones armadas, en 2021, forzaron a que Saif al-Islam no pudiera acceder a la presidencia mediante elecciones cuando sus enemigos lograron hacer colapsar el proceso electoral y expulsar de la arena política a Gadafi, cuando este contaba con chances reales de ganar los comicios.
Las facciones pro-Gadafi se hallan, en estos instantes, consternadas y desorientadas por lo que podría acontecer y no tienen certezas de que vayan a tener influencias en los procesos políticos venideros porque su líder, Saif al-Islam, fue suprimido de la escena.
Con esta realidad, siguen sacando ventajas aquellos actores que quieren rediseñar el mundo árabe ya sea con Acuerdos Abrahámicos, con medialunas asociadas a la extirpación del patriotismo árabe y la obstrucción para el soberanismo multipolar en Libia y el norte de África y con neocolonialismo globalista.
Está claro a quienes terminó beneficiando el crimen de Saif al-Islam Gadafi y una de las dudas principales gira en torno a si la familia política Gadafi ya fue clausurada para la historia de Libia o no.


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