Mar-a-Lago se ha convertido en un alcázar del poder trumpista y al que muchos deben ir (y gastar dinero) para conseguir ciertos favores y ganancias.
Una parte de los necesitados de la bendición del Padrino, apenas logran hacer una fotografía en una de las mesas lujosas, o en cercanías del Rey Trump, pero vuelven, ipso facto, a sus países con las manos semi vacías.
Pero, para muchos ignaros periodísticos y personalidades de la comentocracia internacional, una fotografía en Mar-a-Lago basta para que una persona sea incluida en el Team Trump o para se la asocie, en el relato, al chat personal del presidente norteamericano.
Trump compró la mansión, en 1985, a Marjorie Merriweather Post, pagando legalmente 10 millones de dólares y, desde entonces, fue transformando al lugar en un club privado que, 41 años después, es la Meca de los trumpianos y un sitio donde acuden ricos y famosos internacionales para obtener cosas que, tal vez, de otro modo no podrían lograrlas.
Una encuesta nueva de ABC News, en colaboración con el Washington Post, que fue publicada el 22 de febrero, sostiene que el 62% de los estadounidenses cree que Trump está usando la presidencia para enriquecerse y, por otro lado, muchos trabajadores que votaron por el mismo Trump, desde el 2016, perciben que Mar-a-Lago representa el modelo de los opulentos que sacrifican al trabajador.
Por su parte, los progresistas y los Antifa odian Mar-a-Lago y expresaron secundar toda iniciativa que tienda a dañar o destruir el castillo de Donald. No obstante, ellos no fueron los únicos en afirmar eso. También lo hicieron otros que el Servicio Secreto conoce muy bien.
En tales circunstancias, alrededor de la 1:30 AM del domingo 22 de febrero, se produjo un incidente, en Mar-a-Lago, en el que murió un joven de 21 años, tras ser eliminado por los oficiales del Servicio Secreto y un Sheriff del Condado de Palm Beach.
Según las versiones divulgadas, la persona asesinada, Austin Tucker Martin, había violado el perímetro de seguridad del resort e intentaba avanzar presuntamente con un bidón que contenía gasolina y portando una escopeta, accionar que habría sido desactivada por los agentes de seguridad antes mencionados.
Hace poco, el área norte, por donde ingresó el joven, había sido reforzada en términos de seguridad física y de equipamiento de videovigilancia, pero aún así, el intruso pudo acceder más allá de la primera barrera de seguridad.
Conforme al protocolo, los agentes del Servicio Secreto fueron puestos en licencia administrativa hasta que dure la investigación interna.
El sheriff del condado de Palm Beach, Ric Bradshaw, dio su versión de los hechos a los periodistas:
Se enfrentaron a un hombre blanco que portaba un bidón de gasolina y una escopeta. Se le ordenó que soltara los dos equipos que llevaba consigo y, en ese momento, dejó el bidón de gasolina, levantó la escopeta en posición de disparo, y, en ese momento, el agente (del Condado) y los dos agentes del Servicio Secreto dispararon sus armas y neutralizaron la amenaza. Falleció en el lugar de los hechos.
Oficialmente, se conoció que el presidente Trump no estaba presente en el lugar al momento del incidente porque se quedó en Washington para la cena con los gobernadores del país.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, culpó al bando izquierdista por este hecho y lamentó la normalización de la violencia contra Trump.
Por otra parte, la exagente especial del FBI, Nicole Parker, participó en el programa de Maria Bartiromo, Sunday Morning Futures, que se emite por la pantalla de Fox News, para dar su opinión sobre el hecho y concluir que Trump está en más peligro que cualquier otro presidente.


Deja un comentario