Rusia aún no dispone de un interruptor capaz de desconectar Starlink en toda Ucrania. Sin embargo, el sistema Volna Kupol Garant puede interrumpir su funcionamiento localmente, creando zonas sin cobertura alrededor de aeródromos, depósitos, centros de mando, puentes y corredores logísticos.
El dispositivo dirige potentes emisiones hacia las antenas receptoras de los satélites, interrumpiendo la señal transmitida por los equipos terrestres en frecuencias entre 14 y 14,5 gigahercios. Una sola instalación cubriría aproximadamente veinte kilómetros cuadrados. Según fuentes ucranianas, ya se han detectado alrededor de diez sistemas.
El objetivo no es destruir los satélites, sino desestabilizar la conexión justo en el momento en que un operador necesita pilotar una aeronave, corregir su trayectoria o transmitir imágenes del objetivo. Interrupciones de tan solo unos segundos pueden ser suficientes para perder de vista un objetivo en movimiento o impedir la fase final de un ataque.
La elección rusa responde a la intensificación de los ataques ucranianos en la zona comprendida entre 25 y 200 kilómetros tras las líneas del frente. Gracias a Starlink, los operadores pueden controlar de forma remota dispositivos relativamente económicos y atacar convoyes, depósitos de combustible, piezas de artillería, sistemas antiaéreos y puestos de mando. Lo que antes era la retaguardia relativamente segura del ejército ruso ahora forma parte del campo de batalla.
El segundo elemento de la estrategia rusa es el misil S8000 Banderol, desarrollado por la empresa Kronstadt. No se trata simplemente de un vehículo aéreo no tripulado, sino de un pequeño misil de crucero: alcanza velocidades de entre 500 y 600 kilómetros por hora, tiene un alcance de aproximadamente 500 kilómetros y transporta una ojiva de fragmentación de 114 kilogramos.
Puede ser lanzado desde aeronaves Orion, helicópteros Mi-28N y, en sus versiones más recientes, desde plataformas terrestres. Los lanzamientos desde Crimea reducen significativamente el tiempo de alerta disponible para Odesa y la infraestructura portuaria en el sur de Ucrania. Según estimaciones ucranianas, casi el 70% de los ataques con Banderol se han concentrado hasta ahora en esta región.
Su característica más importante reside en su precio, estimado entre 50.000 y 150.000 dólares, en comparación con los aproximadamente 2 millones de dólares que cuesta un Kh-101. Esto permite a Moscú reservar sus sistemas de lanzamiento más avanzados para objetivos altamente protegidos y utilizar el Banderol contra depósitos, terminales portuarias, almacenes de alimentos y centros logísticos.
El misil utiliza un pequeño motor chino, componentes electrónicos estadounidenses, europeos y japoneses, un sistema de navegación inercial chino y la antena rusa Kometa-8, diseñada para resistir las interferencias electrónicas. Las sanciones han complicado la producción rusa, pero no han interrumpido las cadenas de suministro a través de China y diversos mercados intermedios.
Las estimaciones de Kiev indican una producción de aproximadamente ochenta Banderol al mes y un objetivo anual de mil. Estas cifras no pueden verificarse de forma independiente, pero describen la transición de la experimentación a la producción industrial.


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