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Trump y la redefinición de la hegemonía estadounidense

2–3 minutos

La política exterior de Donald Trump, marcada por la coerción económica, el uso de aliados como instrumentos y guerras selectivas, podría estar acelerando el declive del dominio global de Estados Unidos en un mundo que rechaza las reglas impuestas por Washington.

Aunque promete acabar con las «guerras eternas», sus acciones —como el proyecto de la «Riviera de Gaza» o los ataques a Yemen— parecen contradictorias.

Sin embargo, tras la fachada, busca reposicionar a EE. UU. como potencia dominante en un orden multipolar. ¿No estará, sin querer, apresurando el cambio que pretende controlar?

Históricamente, EE. UU. ha proyectado poder mediante alianzas militares como la OTAN, sustentadas en la supremacía militar para contrarrestar a rivales como Rusia y China. Trump rompe con esta tradición, priorizando la influencia económica y el dólar sobre alianzas que considera costosas e inútiles.

Esto se reflejó en su reprimenda a Zelensky y en su rechazo a financiar más a Ucrania, dejando claro que las alianzas deben servir a intereses tangibles de EE. UU. Ejemplo de ello es la pregunta a Keir Starmer: «¿Podrían enfrentarse a Rusia solos?», evidenciando el fin de subsidiar socios débiles.

En sus primeros 100 días, Trump retiró a EE. UU. de liderazgos en la OTAN y el Grupo Ramstein, y recortó un 8% el presupuesto del Pentágono, perdiendo 50 mil millones anuales.

Pete Hegseth lo llama «reinvención», pero las cifras revelan una reducción drástica. Más sorprendente es su apertura a cooperar con Rusia, rompiendo con la competencia tradicional y buscando lazos económicos con potencias globales.

Trump no abandona la acción militar, pero la limita a donde sea efectiva. Los ataques a Saná el 15 de marzo buscaban presionar a Ansarallah e Irán, pero ignoraron realidades: la resistencia yemení no cede, los bombardeos cierran vías diplomáticas y provocan represalias, como los ataques al USS Harry S. Truman y al aeropuerto Ben Gurión.

En Gaza, tras intentar frenar la guerra, Trump la respaldó de nuevo, pese a 15 meses sin quebrar la resistencia, lo que podría complicar futuros acuerdos.

La advertencia a Zelensky resonó globalmente: los aliados deben probar su valor. Israel, pese al apoyo de Trump, vio cómo este priorizó soluciones estadounidenses, forzando el fin de la guerra en Gaza y negociando con Hamás directamente.

En Asia occidental, exige a los Estados árabes contribuir, como mostró el plan retirado de reasentar gazatíes. Esta doctrina arriesga la hegemonía de EE. UU., alienando socios y empujando a rivales a unirse, mientras el mundo multipolar se aleja de su control.


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