En lo que concierne a la lucha entre grupos por el dominio de los EE.UU., este año comenzó con la explosión de un Tesla Cybertruck que estaba estacionado justo al frente del Hotel Trump International de Las Vegas.
Como se podrá apreciar, el suceso violento implicó a dos símbolos: la corporación Tesla y el emporio familiar Trump en un inequívoco mensaje dirigido al Director de DOGE y al presidente de los EE.UU.
A pesar del acto delictivo en sí, de la intensa cobertura mediática que tuvo el hecho y la reputación dos hombres a quienes le intentaban enviar el mensaje, las investigaciones posteriores de los agentes encargados de mantener el imperio de la ley no avanzaron ni profundizaron en la trama. No dilucidaron ni explicaron a la sociedad nada trascendental que tuviera que ver con el hecho.
Semanas después, los sucesos que involucraron daños, sabotajes e intentos de repudio social, abiertos y con bloqueos, contra los autos de la empresa de Elon Musk aumentaron a tal punto que Trump y otras autoridades insisten en que se activó un terrorismo doméstico.
En las redes sociales, junto con otras plataformas, hay una incitación para que agredan y destruya todo lo relacionado con los activos empresariales y las decisiones gubernamentales de Elon Musk.
De manera paralela, se han denunciado amenazas constantes y ataques contra sedes del partido republicano como, por ejemplo, lo que sufrió el edificio republicano en Nueva México, en la madrugada del domingo, cuando fue atacado por bombas incendiarias.
Los organismos responsables de monitorear esta ola de ataques evalúan que intervendrían , en tales maniobras, distintos grupos con ideologías diferentes, pero que tendrían en común la oposición y el derribo de los planes del tándem Donald Trump-Elon Musk.
En tanto, en nichos precisos del partido republicano, se valora una participación aunque sea indirecta que tendría George Soros y sus esbirros en esos ataques.


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