Vladimir Putin ha tomado la decisión de plantarse ante las constantes amenazas de la OTAN cerca de sus fronteras y ha decidido tomar la iniciativa.
Rusia ha desplegado sus misiles balísticos Iskander-M cerca de la frontera de la OTAN, a solo 40 kilómetros de Polonia, en el enclave estratégico de Kaliningrado. La última acción del Kremlin no solo busca la disuasión, sino también enviar una señal clara e inequívoca: no más amenazas contra la Federación Rusa. Por supuesto, esta operación formaba parte de los ejercicios Zapad, planificados desde hace tiempo y que se llevaban a cabo con Bielorrusia.
En cualquier caso, la demostración por parte de Moscú de los misiles mencionados sirvió para enviar un nuevo mensaje al bloque occidental, que sigue ciegamente su política anti-Kremlin escudándose en la amenaza de una invasión fantasma.
Las fuerzas rusas, en coordinación con Minsk, realizaron ejercicios en el Oblast de Kaliningrado, un enclave fuertemente militarizado en el mar Báltico, fronterizo con Polonia y Lituania, miembros de la OTAN.
Seguimos de cerca la situación en nuestras fronteras occidental y septentrional y no podemos permanecer indiferentes ante la militarización y las actividades militares en curso, declaró el ministro de Defensa bielorruso, Viktor Khrenin, en la inauguración de los ejercicios militares.
Es imposible criticar esta posición, dados los drones espías que Polonia lanza constantemente sobre Bielorrusia, las provocaciones en la frontera y los intentos de infiltración de grupos saboteadores.
El Kremlin ha utilizado el Iskander-M en Ucrania en varios ataques que resultaron devastadores. El misil desciende casi verticalmente sobre su objetivo, impactándolo en un ángulo de casi 90 grados, dejando típicamente un gran cráter circular al impactar.
Viaja a una velocidad de Mach 6-7, lo que equivale a unos 8.000 km por hora, mide 7,3 metros de largo y 0,9 metros de diámetro, pesa hasta 3800 kilogramos y lleva una ojiva de 480 kilogramos. Según algunas estimaciones, cada misil cuesta 3 millones de dólares.
Además, el Iskander-M puede equiparse con una ojiva de racimo, pero aún más preocupante es su capacidad para portar una ojiva nuclear.
Con un alcance operativo de hasta 500 kilómetros, este misil puede alcanzar seis países de la OTAN si se despliega en Kaliningrado: Polonia, Alemania, Suecia, Letonia, Lituania y Estonia, poniendo a su alcance importante infraestructura militar y civil.


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